O te defiendes, o te matan
O te defiendes, o te matan
Por Rafael Nieto
30 de agosto de 2026

Todos los momentos históricos en los que la nación española ha tenido que arremangarse y echar de la piel de toro a quienes la habían invadido estuvieron ordenados por una máxima que es, a la vez, un derecho: el de la legítima defensa. Individual, familiar y también nacional. El derecho a defender tu casa, tu finca, el pueblo donde vives, la ciudad en la que trabajas…, tu patria. Ese derecho, llevado al ámbito militar y de la defensa, es también una obligación, naturalmente. Todos tenemos el derecho y el deber de defender lo nuestro, y sin duda España es nuestra, de todos los españoles. Nadie era capaz de discutir esto hasta hace un par de generaciones. 

Pero, ¡ay! (que diría mi vecino Máiquez), la posmodernidad se caracteriza por hacer añicos todos los pilares de la civilización occidental, y desde luego el derecho a la legítima defensa es uno de ellos. La ideología woke se ha especializado en convertir a las víctimas en culpables, y a los verdugos en víctimas, y en castigar siempre la reacción pero nunca la provocación. La evolución de ese disparate moral ha terminado poniendo en cuestión el derecho a defenderse, que es tanto como decir que se ha dado un poder ilimitado a cualquier delincuente, terrorista o simplemente ladrón que decida tratar de quedarse con lo que no es suyo. «¡Oiga, perdone!, ¿no estará pensando usted en defenderse?«, te plantea la autoridad progre de turno.

Don Pelayo tuvo claro desde el minuto uno que si no ponía a sus (pocos) hombres bien colocados en las montañas asturianas, y no le echaban un par de huevos a la batalla de Covadonga, la morisma no iba a dejar de ellos ni las orejas. Defendió su pellejo, sin duda, pero también estaba defendiendo a su familia, a sus vecinos…, y a su patria. Lo mismo podemos decir de Daoiz y Velarde, de Manuela Malasaña, del cura Merino…¿Tuvieron dudas, en algún momento, sobre el sacrosanto derecho a defenderse del mejor ejército del mundo en aquel momento? Parece que no, a juzgar por cómo destriparon a los soldados de Napoleón. En realidad, la disyuntiva, desde el homo sapiens hasta hoy, ha sido siempre la misma: cuando pintan bastos, o te defiendes, o te matan.

Este largo introito me sirve para ponerles en contexto de la brava respuesta que han dado esta semana los ceutíes a los invasores marroquíes que llevan un mes en un país que no es el suyo. Pululando por las calles, llenándolas de mierda, robando y violando, atemorizando a los comerciantes, colapsando los servicios de urgencia, metiéndose en peleas…, en fin, un poco lo que han hecho siempre los moros en todas partes. Y como habían puesto ya sus tiendas en la playa, y la cosa empezaba a tener pinta de que se podía eternizar, varias decenas de españolazos de Ceuta decidieron destrozarles los chamizos, bloquear la «ayuda» de la Cruz Roja (siempre presta a colaborar con las peores mafias del planeta) y, de paso, repartir a los sarracenos alguna yoya, que tampoco viene mal para dejar las cosas claras y poner límite a su desvergüenza.

Como era previsible, le faltó tiempo a la sincronizada progre, al frenopático podemita y a la sección «charo» del lobby feminista para echarse las manos a la cabeza y «condenar la violencia que promueven los fascistas«. Incluso la ministra podemoide de Sanidad, Mónica «Saza» García, defendió airadamente la «magnífica labor» que realiza siempre la Cruz Roja y criticó con dureza a quienes impidieron el «reparto de la ayuda a los migrantes» (traducido al español real, «evitaron perpetuar el mantenimiento de los invasores en las calles de Ceuta«). Lo que les decía más arriba: al agresor nunca se le condena, ni se le reprocha, ni se le responde, sino que se le ayuda; al que se defiende (y defendiéndose él, nos defiende a todos los españoles), se le persigue y se le condena por parte del poder político. 

A estas alturas, no queda más remedio que preguntarse: ¿A quién defiende exactamente ese poder político?, ¿para quién trabaja este Gobierno, y todos los que le apoyan directa o indirectamente? ¿Por qué Marlaska impuso el pasado año la Gran Orden del Mérito de la Guardia Civil al jefe de los espías marroquíes, que ha sido señalado como el principal promotor de la invasión de Ceuta? A poco que lo piensen, comprenderán enseguida que para esta banda criminal que tenemos aupada al poder es fundamental quitarnos el derecho a la defensa, o por lo menos intentarlo. Porque, de no ser así, igual que hemos echado varias veces de la piel de toro a los invasores que han tratado de robarnos la nación, los siguientes a los que echemos un día podrían ser ellos.

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