Parece que ahora, sí
Parece que ahora, sí
Por Alfonso Ussía
2 de mayo de 2021

Fui muy amigo de “Los Chalchaleros”, el fabuloso conjunto folclórico del norte argentino. Salteños. Salta, la Andalucía de Argentina. El conjunto nació el mismo año de mi primera luz, la del quirófano. Juan Carlos Saravia, Aldo Saravia, “Pelusa” Franco Sosa, y el “Cocho” Zambrano. Juan Carlos Saravia, “El Gordo”, fue el único en recorrer todo el camino de los “Chalchas”, así cariñosamente llamados. Se iban unos y entraban otros. Dicky Dávalos, Saravia Toledo y el formidable Ernesto Cabeza. Eduardo Polo Román, natural de Cafayate e hijo de emigrante almeriense, gran bombista, Pancho Figueroa, virtuoso de la guitarra y los trémolos, y Facundo Saravia, hijo de Juan Carlos. Así como “Los Fronterizos”, influídos por Isella, tiraban más hacia la izquierda, los “Chalchaleros” eran artistas de orden, profunda religión y libertad sin muros ideológicos. Cuando decidieron retirarse llenaron todos los grandes teatros de la las ciudades argentinas, Salta, Cosquín, Jujuy, Santiago del Estero, Córdoba, La Plata, Ushuaia y como no, Buenos Aires. Invirtieron más de un año en despedirse, y me contó “El Gordo” Saravia que a esos pelmazos que existen en todos los rincones del mundo que anuncian que se van y no se van nunca, les decían: “Tardás” en irte más que Los Chalchaleros”.

Con la marcha de Pablo Iglesias de la política se irá parte del odio que esparció por toda España

Es de esperar que Pablo Iglesias cumpla y no se despida de la política como “Los Chalchas” de su arte musical. Parece ser que ha llegado a un acuerdo con un financiador de separatismos y millonario trotskista para ocuparse en algo relativo a una cadena de televisión. Termina de solicitar el millonario muchos millones de euros para salvar su empresa, y ese detalle le garantiza a Iglesias un seguro de remuneración muy consistente. No obstante, también se habla de una oferta de trabajo bolivariana, en Caracas, la dirección de Relaciones Públicas de un Hotel de lujo en Isla Margarita, de Mozo de Cuadra de los caballos de las hermanas Serra, y de jefe de distribución de champús o champúes, desodorantes y colonias de una gran empresa especializada en esos agradables productos. 

Pero me temo que la oferta de Caracas no le seduce, porque Iglesias es comunista del todo, pero no del todo tonto. Al fin y al cabo, puertas giratorias.

Y en el caso que nos ocupa, puertas giratorias casi unánimemente elogiadas por todos los españoles. Con su marcha de la política se irá parte del odio que esparció por toda España. Sin Iglesias, esa macedonia putrefacta de Podemos Unidas o Unidas Podemos, irá poco a poco destruyéndose, bien por su agresiva inutilidad y farsa, bien por la acción de la Justicia, que también algún día se ocupará, si la Justicia sobrevive, de Pedro Sánchez y sus acólitos mercenarios. Pero que se va  y, al menos hoy por hoy, parece un hecho de muy probable culminación. 

Se va. Nunca ha sido un luchador, y es más vago que el peluquero de Rafael Simancas. Un vago redomado, gandul cumbrero, indolente de libro, poltrón, tumbón y remolón

Ella se queda. Si no fuera por su derroche del dinero de todos, sus obsesiones sexuales disfrazadas de feminismo, sus calentadoras de asiento y niñeras pagadas por los contribuyentes y su excepcional capacidad para soltar majaderías, su permanencia en el Gobierno podría interpretarse en positivo, al menos para los que nos dedicamos a escribir . Nadie nos ha tratado mejor a los cronistas que Irene Montero, que nos escribe los artículos y comentarios con el papel en blanco, y a la que habríamos de enviar una comisión por hacernos más sencilla la torturadora tarea del escritor. 

Se va. Nunca ha sido un luchador, y es más vago que el peluquero de Rafael Simancas. Un vago redomado, gandul cumbrero, indolente de libro, poltrón, tumbón y remolón. No se ha conocido vago como él en los últimos cien años de la política española, que comprende desde la Monarquía de Alfonso XIII hasta el reinado de Felipe VI, pasando por la Segunda República, la Guerra civil, el régimen de Franco, la Santa Transición, la Constitución de la libertad impulsada por Juan carlos I, y la gamberrada del Gobierno de Yo, mi persona, el Presidente.

Todo aquel que posea puertas giratorias impúlselas para que se meta en sus gajos el fracasado petimetre comunista. Después, que haga con él lo que quiera. Lo fundamental es que el odio, la mentira, el resentimiento, el rencor, la anti-España, la envidia y el anhelo de una dictadura estalinista se vayan para siempre. 

Con o sin Roures.                 

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