Poquita fe inmobiliaria
Poquita fe inmobiliaria
Por Hughes
9 de enero de 2026

Hay cosas que se hacen bien, incluso mejor que antes, incluso mejor que fuera. Creo que las series españolas de Movistar vienen siendo un ejemplo aunque no sabemos si durará.

La segunda temporada de «Poquita fe», protagonizada por Raúl Cimas, con guión de Montero y Maidagán, ve clara la oportunidad de centrarse en lo inmobiliario. La desangelada pareja, más tontos que los amantes de Teruel, se quedan sin piso y ponen sus esperanzas en el de la madre de un conocido, a la que dan poquitos meses de vida.

Así, su horizonte como pareja depende del hecho biológico de la mujer. Empezarán a vivir cuando ella muere. Mientras, con los padres. No es que le deseen la muerte, pero dependen de ello.

Mitigada con algo de dulzura, la serie roza el humor negro y absurdo y, sin embargo, es superada por la realidad. Cómo no va a superarla si España es un país que dedica al piso el adjetivo «coqueto».

La nuda propiedad ya recoge esa expectativa de que se vayan muriendo los mayores, ese descuento mortuorio. Y hace poco supimos de una  nueva figura, la del cuidador okupa u okupa heredero, cuando uno de los hijos cuida del anciano y, al morir, se queda dentro del piso como haría un okupa pero con un título, con un derecho: haber cuidado del fallecido. Es un okupa cualificado, una figura en la que se dan la mano dos realidades, la del cuidado y la de la precariedad inmobiliaria. El anciano, que ahora pierde la protección de la palabra y es solo boomer, tiene piso y quien le cuide. Esto dejará de ser habitual.

Y si pensamos en la serie un poco más, los personajes de Berta y José Ramón, aleladitos e inofensivos los dos, simpáticos no propietarios, podrían ser vistos como privilegiados. Los padres de ella (con una hermana) tienen un adosado residencial, y la madre de él, hijo único, un piso en lo que parece el centro de Madrid. Si se mantienen juntos, pronto heredarán un buen pisito y un capitalito para, si quieren, dar la entrada a otro que alquilado «se paga solo», como el segundo hijo se cría en la estela del primero. La tasa de sustitución demográfica es 2,1 hijos por mujer. La de reemplazo inmobiliario, 1,1 pisos por niño.

TEMAS
Noticias de España