En la alcantarilla woke en que ha devenido, desgraciadamente, la antes gloriosa civilización occidental, no hay pilar ni muro de nuestras antiguas fortalezas que no quiera demoler la mafia progre, consciente de que logrando acabar con ello, tendrá cada vez más cerca el advenimiento de la barbarie como única forma de gobierno. Como las termitas o los talibanes, esta mafia (constituida minuciosamente en instituciones, ongs y diversos tipos de morralla social, como la peste antifa) va realizando su tarea destructiva sin que enfrente haya otra cosa que el empuje audaz de algunos patriotas y las oraciones de las monjitas de clausura. Poco más.
Algunos de esos intentos, sin embargo, terminan siendo tan ridículos y grotescos que, no solamente no consiguen su objetivo de laminar los principios y valores que han alejado a la Humanidad de la selva durante siglos, sino que, por el camino, han coronado a sus autores como los estúpidos que son; incapaces por completo de comprender que las grandes verdades del hombre no se hicieron universales por ninguna clase de «dictadura de la aristocracia», sino por el imperio natural del sentido común. Y porque, mal que les pese, toda alma humana lleva impresa la búsqueda del bien desde su mismo origen.
Las autoridades de Irlanda se han visto obligadas a retirar una campaña, promovida por una organización privada pero con ayuda de dinero público, en la que, a través de un vídeo patético, se proponía a los abuelos dejar de abrazar y de besar a sus nietos para promover lo que ellos llaman «el consentimiento infantil», es decir, que los mayores estén obligados a preguntar a los niños si quieren ser abrazados y besados, o no. Una especie de «sólo sí es sí» pero entre abuelos y nietos. El derecho a hacer la cobra a los padres de tus progenitores y dejarlos con el corazón congelado durante una buena temporada. O para siempre.
A pesar de que uno peina canas, y estas pupilas que han de tragarse la tierra han visto ya infinidad de despropósitos, aberraciones y golferías de la merma progre, el mencionado vídeo es de las cosas más repugnantes y lamentables que uno recuerda en bastante tiempo. Tratando de presentar algo tan bello, tierno e inocente como el abrazo y los besos de unos abuelos a sus nietos como una especie de acoso encubierto, en una obligación impuesta por la fuerza. Mostrando a las personas que más suelen adorar los niños como si fuesen unos pedófilos de la rama incestuosa y sin el menor recato. Vomitivo es poco, y eso que la escena dura escasamente veinte segundos.
La destrucción de la familia tradicional es una de las obsesiones de la mafia woke casi desde su mismo origen. Demonizando a los abuelos, que son los depositarios del amor y de los vínculos irrompibles de la familia, los autores de esta basura tratan de poner en la diana a las personas que merecen mayor respeto, admiración y afecto. Los enemigos de la civilización nunca dan pasos en falso; saben que en la familia residen la mayoría de las certezas humanas, y que un niño que se siente amado por sus padres y abuelos es una oportunidad perdida para hacer de él el monstruo alienado, sin principios ni valores, que necesitan para su enloquecido proyecto nihilista. Y donde digo «nihilista» pueden leer, si lo prefieren, satánico.
Los abuelos se merecen no solamente el derecho a abrazar a sus nietos, besarlos y quererlos sin medida, y de la manera que estimen oportuna, sino que deberían recibir también el respeto de la sociedad y de las instituciones públicas. Es indecente que un sólo céntimo del dinero de los contribuyentes vaya a financiar algo tan execrable, tan profundamente inhumano como este vídeo, y encima enmarcar la campaña en una gilipollez supina como es el «consentimiento voluntario» de los nietos. ¡Váyanse a paseo ya con sus campañas de odio y su agenda woke con final en Mordor!. Dejen vivir a la gente en paz, que todos sabemos muy bien quiénes queremos que nos abracen.