Quién está detrás (si es que hay alguien detrás)
Quién está detrás (si es que hay alguien detrás)
Por Hughes
27 de octubre de 2026

Ya antes de los disturbios en Barcelona, se venía hablando de una extensión de las protestas francesas por toda Europa. Desde España hasta Serbia, siendo el sujeto revolucionario los jóvenes. No se decía ultraizquierda sino «la juventud».

Jóvenes es otro eufemismo para magrebíes o moros de toda la vida y tales parecían quienes procedieron al saqueo el sábado.

Es el pillaje, lo que alguien en Francia llamó un acto fugaz de comunismo.

Las reacciones inmediatas fueron un espectáculo. Por ejemplo, en la izquierda, el nepoministro Bustinduy (y desde luego no estaba solo en esto) habló de Israel

Para los centristas, se trataba de una nueva injerencia extranjera, un «ataque híbrido», o sea, mitad Putin, mitad moritos.

Para Rufián, de fondo estaba la extrema derecha y a la vez un tufillo a operación de Estado.

Para muchos separatistas catalanes, el problema era España, Castilla, Madrid, como si no hubieran sido ellos los responsables de llenar Cataluña de marroquíes.

Putin, el CNI, Netanyahu y por supuesto la CIA, un clásico. Faltaban los marcianos o quizás la IA, una IA ya independizada que estuviera detrás del segarro, amigo.. Todo formaba parte del esfuerzo por evitar que lo de Barcelona se asociara a lo más evidente: la izquierda radical y la ‘muchachada’ norteafricana. También se percibía la intención, apenas disimulada, de esgrimir el cui prodest para manchar a los únicos que denunciaron que algo así era posible.

Se da la circunstancia de que los que lanzaban al vuelo estas campanas conspiranoicas tienen bastante que callar sobre el asunto. A mayor error de posición o diagnóstico, mayor ha de ser luego la estrella invitada. Por eso a los calamitosos centristas no se les cae Putin de la boca.  

Puestos a hablar así, lanzando hipótesis sin nada en la mano, podríamos decir que los saqueadores son la consecuencia de una consciente importación de nihilismo: traer personas capaces de expresar un desprecio a la cultura y sociedad europeas del que ni siquiera somos capaces ya los propios europeos. Importamos mano de obra barata y también nihilistas baratitos, personas con una bárbara indiferencia por Europa y sus formas sociales, religiosas, culturales, políticas, urbanas… Puestos a lanzar tesis al aire, esta no suena peor.

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