Robar las banderas
Robar las banderas
Por Javier Torres
11 de septiembre de 2026

VOX ha hecho dos cosas por encima de todas. Sentar al golpismo catalán ante el Supremo y frenar el pucherazo de Sánchez. No está mal para un partido que venía a erosionar las instituciones y la democracia. Lo primero ocurrió cuando Rajoy tenía a su alcance todos los resortes del Estado para detener el golpe. El Gobierno no hizo nada y aún recordamos la tabarra que los pelotas genoveses dieron durante años con lo bien que don Mariano manejaba los tiempos. Un genio de la estrategia. El PP era la gestión, la experiencia y la mesura; doña Soraya, una infalible estadista, lástima que Puigdemont se le escapara a Waterloo. Su operación diálogo (Junqueras agarrándola de los hombros) también fracasó. Las urnas cruzaron la frontera, el separatismo votó y los policías fueron alojados en el Piolín.

El segundo gran hito ha sido que la Justicia haya paralizado la alteración del censo vía nacionalizaciones a través de la ley de nietos. El pataleo de Bolaños es proporcional a la envergadura de un plan, de momento, abortado. Eran muchos votos que, convenientemente repartidos, podrían decantar las elecciones generales. Un peligro fundado, real y serio, en opinión del Supremo. El PP, de nuevo a por uvas, aunque luego iremos con ello.

Como en el covid, la gota fría valenciana, el gran apagón o los trenes de Adamuz, Sánchez ve en Ceuta una oportunidad y no un problema. Los ceutíes saldrán más fuertes y deberán asimilar la nueva realidad estructural, eufemismo que les condena a elegir entre un par de invasiones al año o hacer las maletas a la península. 

Es verdad que Sánchez no está derrotado, pero tampoco canta Bella Ciao por las esquinas. Y ya sabemos que cuando Sánchez afloja, TVE aprieta. Cintora sale al rescate y el presidente anuncia infraestructuras más amplias. No para proteger la frontera, nada de eso. Construiremos confortables edificios para el invasor. De momento, hay wifi gratis y Rabat bloqueará su devolución con la puerta recién instalada en zona española. 

De este modo la invasión se cronifica, el BOE reparte millones y se traviste de humanitarismo para que al ceutí las violaciones en manada, los colegios vandalizados, las playas ocupadas y el espray con gas pimienta le parezcan parte del paisaje. Un escenario de guerra en toda regla, si hasta en Alemania le gritan a Merz que se vaya a Ceuta, nuestra Lampedusa a ojos de toda Europa.

La ventana de Overton se estira como un chicle y el PP y sus tentáculos mediáticos no quieren quedarse fuera del marco. Es el momento de parasitar logros ajenos. El séquito de centristas con micrófono —ahora extasiados porque Interior les dedica una breve reseñita— llamó racistas y xenófobos durante una década a quienes decían lo que ahora ellos dicen. Moreno Bonilla ha pasado de tener el corazón asín de ancho a explicarnos que el reparto de menas por toda España provocaría un efecto llamada. Cayetana, la liberal, la ciudadana del mundo, afirma con la fe del converso que «Ceuta pide Estado y se lo vamos a dar». Aquí yacen décadas de liberalismo pitiminí y moderación inane.

Mucho más tronchante ha sido la reacción al auto del Supremo sobre la ley de nietos. Hubo que frotarse dos veces los ojos al leer a Feijoo atribuirse la suspensión cautelar de las altas en el voto exterior. A Juan Bravo debió saberle a poco robarle a VOX su recurso, pues también le sisó a Buxadé la foto de una página del auto. Todos los cargos del PP salieron en tromba a celebrar un recurso que no presentaron. La tarde era caramelo; la noche prometía.

Ponemos el televisor y comprobamos que el PP de paisano —como dice Hughes— aparecía en todas las cadenas. Un partido sin representación llamado Iustitia Europa, personado en la causa después que VOX, quería anotarse el tanto. Las televisiones del duopolio entrevistan a su representante, que dice en Horizonte que el auto del Supremo es una victoria de la sociedad civil. Son legión quienes hacen guardia para frustrar la alternativa, por eso hay un digital amarillento que le da siete escaños a estos completos desconocidos.

Si no existiera La Gaceta y algún que otro medio más es probable que hasta yo mismo hubiese creído que fueron Tellado, Cuca y Ayuso quienes acudieron a la Justicia. Esta sensación, muy parecida al momento en que el árbitro te roba mientras el VAR muestra el atraco en varias tomas, la tuvimos el mes pasado cuando el Gobierno prorrogó la vida de la central nuclear de Almaraz. Entonces vimos a los que festejaron el cierre de Garoña lanzarse a por su premio como niños bajo una piñata. Y esta misma semana a Rufián pedir en pleno 2026 una inmigración legal y ordenada. Todos mutan, cambian de banderas, nadie quiere bajarse del tren de la historia. Pobrecillos, no saben lo que viene.  

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