Esta semana fue noticia (la dio El Confidencial) el acuerdo entre la Generalitat y el Ministerio de Hacienda para aplicar el principio de ordinalidad en el nuevo sistema de financiación.
Según este principio, una comunidad autónoma que ocupe un lugar en el ranking de renta per cápita no podrá ocupar otro tras la redistribución del Estado.
Esto es más complejo, pero sería un «que me quede como estoy» sin el virgencita, virgencita y, en cualquier caso, un severo límite a la solidaridad.
Poco podrá hacer el Estado en estas condiciones, salvo la mera gestión fiscal que, por otra parte, también se va transfiriendo a Cataluña.
El viernes, Feijoo se reunió con Foment del Treball, los empresarios de Cataluña, y en su intervención no dijo nada sobre el particular. Es interesante escuchar a Feijoo en Foment porque allí fue donde hace años abrió la puerta a un concierto a la catalana.
La ordinalidad, cosa muy seria, es algo en lo que el PP no consigue la unanimidad. Hubo esta semana una declaración contraria del Parlamento andaluz y protestó también el presidente aragonés Jorge Azcón («el principio de ordinalidad es el mayor error en la historia de nuestra democracia») pero ahora que hay elecciones en Extremadura sería interesante conocer qué opinan allí de que Marga Prohens, la presidenta balear del PP esté a favor de la ordinalidad, y de que Santiago Rodríguez, secretario general del PP catalán, la haya considerado un «objetivo deseable» o de que Juan Bravo, vicesecretario de Hacienda del partido, cargo nacional, ya hable de ajustar, corregir o equilibrar la ordinalidad, lo que viene a ser tanto un sí, pero no como un no, pero sí.
A decir verdad, tampoco es algo nuevo. Alicia Sánchez-Camacho, cuando era líder del PP-C, ya manifestó su conformidad con el principio de ordinalidad para Cataluña y en la web del PP está para quien lo quiera comprobar.
Hay un frente ordinalista en el PP, partidario de lo mismo que el PSC o, como mínimo, abierto a ello, otro que protesta y un Feijoo con querencia a ponerse de perfil como los egipcios, y quizá por eso ahora es Debod el lugar de las domingadas.
Si no hay claridad al respecto en el PP, ¿la habrá en el futuro cuando ya sea un hecho, obra del terrible Sánchez, y por tanto ley e institución, sacrosanto ordenamiento?
Lo de la ordinalidad comenzamos a escucharlo hace una década, era uno de esos conceptos extravagantes que salen del PSC, y se consideraba del todo inadmisible por «inconstitucional». Han pasado unos años y ya no lo es tanto. Las voces contrarias, además, van siendo las de siempre: las regiones meridionales o interiores, que poco importan, las lechuzas del ostracismo y los sospechosos de radicalidad, así que la subrepticia trayectoria del concepto se parece demasiado a otras como para no pensar que pueda triunfar.
Que el ronquido de Ábalos no lo calle todo.