Sol: espacio privatizado
Sol: espacio privatizado
Por Iván Vélez
5 de octubre de 2026

Encerrado en esa Moncloa a la que tanto apego tiene, Sánchez medita, reflexiona, calcula lo que es mejor para su persona. Conocer la lista de llamadas de su celular sería revelador, pues todo mandatario tiene sus consejeros y, en este caso, fontaneros dotados de listas de contactos que incluyen peligrosos delincuentes. Se trata, como siempre, de mantenerse en el poder a toda costa, pues un desalojo de Moncloa complicaría mucho su futuro. A lo largo del día sabremos si las cuentas, repletas de concesiones a proetarras, golpistas y antisistema protegidos por el sistema, le salen a Sánchez. De hacerlo, convocará. Si no salen, administrará, a quien se deje, otra dosis de emotivismo y de impostada responsabilidad.

Mientras tanto, la mañana del domingo en Madrid amaneció soleada, algo que favorece la ocupación/privatización del espacio público llevada a cabo por los combatientes de un fascismo estructural que adopta las más diversas formas. Una bandera de España no tiene cabida en Sol, pues es fascista. Poco importa que la enseña tenga dos siglos y medio de antigüedad. Un trapo de colores, dicen, mientras enarbolan el paño palestino o la bandera que confeccionó el reaccionario Arana. 

Maricarmen, de la que vamos conociendo datos que comprometen seriamente su vulnerabilidad, fue una excusa. Para el Sindicato de Inquilinas, la posibilidad de cobrar un protagonismo que le ha abierto las puertas de los que, por su servilismo para con el Gobierno, bien pueden llamarse pseudomedios. Para el Gobierno autodefinido como «de progreso», un resorte capaz de mover a una enorme bolsa de indecisos en unas hipotéticas elecciones para las que se ceba un puchero  antifascista. 

Es innegable que el desahuciador Sánchez —más de 270.000 en su hoja de servicios— conoce bien a la sociedad española. Sabe que los suyos son adictos a la amnesia. Efectos de un sectarismo capaz de olvidar que el hombre que surgió del vaho lleva en Moncloa —¿tendrá sauna el palacio?—- ocho años en los que no ha hecho nada por solucionar el problema de la vivienda, bien cada vez más preciado por culpa, en gran medida, de una inmigración masiva e incontrolada.

Mientras tanto, en Sol, los acampados agitan la coctelera ideológica. Reivindicaciones de un aborto libre y gratuito que nada tienen que ver, intuyo, con Maricarmen; añejos cánticos segundorrepublicanos; apelaciones a esa misma Constitución que representa un cerrojo para las naciones oprimidas por España, es decir, por el fascismo.

Y en medio de todo esto, las pugnas habituales. El 15M habilitó una guardería y acabó escolarizando en centros privados a los hijos de los beneficiarios de aquel clamor de gritos silenciosos. En esta reedición, el Sindicato de Inquilinas, al frente del cual hay gentes de alta cuna, trata de mantener una hegemonía ya amenazada. No en vano, el mercado del activismo ofrece muchas oportunidades. Uno de los aspirantes es la Coordinadora Juvenil Socialista, que propugna un socialismo puro y señala, sin complejos, al PSOE, a Podemos y a Sumar. Parte de un movimiento más amplio, la Coordinadora reivindica el marxismo al que el PSOE renunció hace medio siglo. Bajo el grito deshumanizador que enfrenta a la gente con los buitres, se abre una oportunidad electoral, ya inmediata ya aplazada, para el meditabundo Sánchez. También para quienes exigen procesos de autodeterminación cuyo resultado sería la privatización, por troceamiento, de «lo público» y el desahucio de muchos.

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