Ha sacado El Confidencial un documento que parecía iba a parar el mundo. El dossier que Interior preparó a Marlaska sobre los tertulianos ha resultado ser muy decepcionante. 280 fichas bastante respetuosas, con buena foto, una breve biografía profesional y una frase con la puerta a la que chuta el periodista: afín al gobierno, de derechas, de izquierda, o «moderado» (Amón, cosa que yo creo que es para quitarse el sombrero; ser el moderado entre 280 tertulianos es una genialidad total). En algún caso excepcional, dedican un par de frases a tratar de describir la evolución ideológica. O sea, que encima se los toman en serio.
Ahora verás el Cuarto Poder… ¡Habrá que oír mañana a los tertulianos! Qué aire de importancia, qué solemnidad los echagobiernos… Dirán que esto es un control anticonstitucional y totalitarismo, algo así muy sonoro, pero si me preguntaran diría que ha sido inútil y contraproducente. Estos 280 tertulianos irán ahora por la vida de perseguidos por el poder y de subversivos.
En lo personal (algunos lectores me han sugerido que abra mi delicado yo) no sé cómo me tiré diez años escribiendo para no estar en 2024 entre los 280. Es que ni una triste ficha, ni una mención en las cloacas de Interior. «Hughes. Trumpista cerrao», «costumbrista irregular», no sé, algo. Pero nada. El fracaso es absoluto. Y en casa, el descrédito:
–Ni presumir puedo de antisanchismo con las amigas…
Yo debuté en las tertulias con Jiménez Losantos, en la que tiene del Corazón y los cotilleos. No era un experto rosa yo, solo escribía una cosita a la semana, y no siempre. Así que me levantaba a las seis y media para ir al kiosco y comprar el Diez Minutos, el Semana, el Lecturas… Luego me metía en un bar de mi calle a tomar cafés y documentarme. Al llegar a la radio me sabía todo, pero el guion iba por otro lado y luego, además, lo cambiaba Losantos, que se ponía a hablar de cualquier cosa y daba la vez de forma aleatoria. El turno de palabra caía como una piñata.
En la tertulia eran todo mujeres, salvo un periodista (maravilloso) que decía palabras en francés y yo, que tenía a la vez una sensación de irrealidad y de fuerte autoconciencia, como una sedación al revés.
Después estuve unos meses en la Cope, quizás semanas, y solo recuerdo una tertulia en la que uno de El Mundo decía que en el periódico estaban estudiando si informar sobre Vox, dado que no eran constitucionales.
No me sentí cómodo en ninguna tertulia hasta que recalé en la de Luis del Pino, que es aficionado al jazz y a los chistes malos.
Allí un problema ha sido que pocas veces llegué con más de tres horas dormidas. Frescura neuronal, poquita (sobre unas capacidades ya cuestionables). Una señora, oyente fiel, me paró hace unos meses para saludarme. Hombre, por fin una fan, pensé. Pero no:
–Saludos a don Luis y tú… tú no lo haces mal, pero vocaliza, hombre: tienes que vo-ca-li-zar.