Varios escenarios tiene este preludio electoral.
Uno es Sol, convertido en kilómetro cero o «núcleo irradiador» de la remontada. La policía no solo no los echa sino que los protege, y la plaza apunta a No-Go Zone ideológica. TVE estuvo horas con un directo sobre los graves altercados y solo se veía a unos niños con unas banderas españolas. Había también chicas. como esas que hacen los vídeos de «sin juzgar» y empiezan a contar secretos de las amigas: «Una que está aquí se lió con el novio de su mejor amiga mientras la otra tenía el sarampión…». Ese nivel de enfado. Como amenaza ultra… «Lanzamientos de botellas», repetían los reporteros, y enfocaban una Lanjarón de plástico vacía.
Las tiernas voces que cantan «aquí están los antifascistas» lo hacen con la gastadísima mitología de los abuelos, o bisabuelos o quizás tatarabuelos de la Ley de Nietos, el otro escenario de las elecciones. El auto del Supremo insiste en excluir a los exiliados sin acreditar. Quedaría el Tribunal Constitucional, y los juristas, lo hizo Juberías, nos explican que la fiscalía sí podría pedir el amparo, pero que no fue parte en el proceso original. La pregunta es si esto es obstáculo para el Constitucional de la Ley de Amnistía, tribunal para el que «nada que afecta a los derechos fundamentales es ajeno», según dice Pumpido citando a García Pelayo.
Entre los nietecillos antifa, los exiliados míticos e indemostrables y la nomenklatura progre de gentes como Miguel Ríos, roquero de 82 años tan comprometido que confesó haber dejado de ir al Bernabéu por el No a la Guerra, la izquierda actual, dominada generacionalmente por Sánchez, tiene la asignatura pendiente de la unidad. Si la unidad es fascista y ellos son antifascistas, se entiende que sean incapaces de superar el cisma testosterónico de Errejón e Iglesias. El Frente no tan Amplio contará con Ada Colau, o sea, la flutilla de Gaza y el disparate de la vivienda en Barcelona. El 15M bloquea a la izquierda. El apalanque es deporte nacional por muy antifa que se sea. Con todo esto, cuesta entender el optimismo de gentes como Iván Redondo.
Otro escenario es Ceuta, y quizás se vaya cerrando con la visita del rey. Antes, Abascal se llevó allí a Jordan Bardella y subrayó la españolidad de la ciudad (la España transfretana) y denunció la invasión marroquí en términos de invasión, no solo migratorios, junto a quien puede ser en unos meses presidente de la República Francesa. Que dónde estaba Abascal, preguntaba no sé quién hace unas semanas…