«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Enrique García-Máiquez (Murcia, pero Puerto de Santa María, 1969). Poeta, columnista y ensayista. Sus últimos libros son 'Verbigracia', (2022) poesía completa hasta la fecha; y 'Gracia de Cristo' (2023), un ensayo sobre el sentido del humor de Jesús en los Evangelios

Toca apretar

17 de septiembre de 2025

En el Viva 25, un exultante André Ventura recomendaba a todos los partidos europeos de derecha alternativa la resistencia. Aunque parezcan asfixiados por el cerco mediático, el escándalo de los biempensantes oficiales y el desdén de la intelligentsia subvencionada, hay que perseverar en la defensa de la verdad. La verdad es invencible y, a la larga, la gente acaba reconociéndola. El crecimiento en Portugal de Chega! certifica la calidad del consejo.

Pero todo parece indicar que Vox —como Chega!— ya ha pasado a la otra casilla del juego. Las proyecciones de las encuestas dejan al partido instalado en la tercera fuerza política de una forma muy sólida y creciendo. Como ha comprobado Ventura en sus propias carnes lusas, esto cambia todo.

No es lo mismo plantearse las alianzas y los acuerdos de poder siendo imprescindible matemáticamente (porque hacen falta tus escaños para redondear la suma) que siendo imprescindible sociológicamente (porque te vota un quinto del país). Yo jamás he desdeñado la importancia aritmética, que tan grandes réditos ha dado al PNV y a ERC para el mal de la nación. También se podía negociar con la aritmética y, en el caso de Vox, para el bien de España.

Pero la situación está cambiando rápida y radicalmente. Lo que presenta nuevas e inéditas… dificultades. También posibilidades, pero hay que ver las dificultades antes. Con un Vox tan fuerte, y siendo, además, Abascal el líder europeo de Patriotas, la tentación de la gran coalición entre el PP y el PSOE crecerá proporcionalmente. No es lo mismo apoyarse en un partido residual y gesticulante que en uno inmenso y que concita un entusiasmo popular creciente. El diario El País ya ha propuesto la necesidad de un pacto para frenar a la derecha. Ante estos movimientos, ¿qué tendría que hacer Vox?

Desde luego, todo lo contrario de intentar evitar ese pacto a toda costa. El bipartidismo coaligado no sería bueno para España, porque obviamente replicaría todas las normas que esa misma coalición (populares y socialistas) nos impone desde Europa. Pero peor sería que Vox, por el noble afán de librarnos de la influencia del PSOE, cayese en apoyar a un PP desde fuera del Gobierno, permitiendo que éste aplicase las mismas políticas, más o menos, pero sin el desgaste de poner sus cartas socialdemócratas sobre la mesa. Si Feijoo quiere seguir igual, conviene que lo certifique con los pactos consecuentes con los socialistas y que sus votantes lo vean por fin.

El PSOE todavía llevaría peores cartas, porque ellos pactarían con su supuesto archienemigo, pero no para gobernar ellos, que siempre consuela, sino para dejar a Feijoo en La Moncloa. Cierto que un Vox muy vigoroso puede justificar el apoyo de un PSOE deshecho para evitar el acceso de la «derecha aún peor» al poder. Pero ese giro sólo se entendería entre los votantes más socialdemócratas del PSOE, que, a estas alturas, no le quedan.

El radical volantazo a la izquierda que ha pegado Pedro Sánchez, instalado ya en tics batasunos y pañuelos palestinos, parece un calentón radical, pero tiene mucho de fría estrategia maquiavélica. ¿No está Sánchez haciéndose un partido a su imagen y semejanza, esto es, uno que jamás se avendría a pactar con el PP? Los votantes de hoy de Sánchez (y todavía —según las encuestas— son muchos) no son los que apoyarían a un PSOE bueno que sostenga a Feijoo. Los votantes reales del PSOE actual se irían en masa a Sumar o a Podemos.

Un Vox fuerte, en resumen, hará muy deseable para Feijoo, para los burócratas europeos y para los editorialistas de El País un pacto del PP con el PSOE. Para el PSOE, sin embargo, la cosa tendría ribetes de suicidio. En cambio, al PSOE, si fuerza que el PP gobierne con Vox, se le presenta una oposición bastante fácil. Todavía no han dejado el Gobierno y ya la están entrenando…

Vox, si juega bien sus cartas, tiene todo que ganar. Primer supuesto: si el PP y el PSOE se abrazan, entonces el PP socialdemócrata se desenmascara, el PSOE desaparece y Vox se convierte de inmediato en la única alternativa conservadora y, además, la de la ilusión. Segundo, si no se abrazan y el PP pide los votos de Abascal, tiene que quedar claro que la nueva derecha entra en el Gobierno para alejarnos de los socialistas y, lo que es más importante, de las políticas y las ideas bipartidistas. Ha de imponer su programa en proporción exacta a su fuerza electoral, aunque eso incomode mucho a su socio. Si antes hubo que apretar los dientes, como aconsejaba Ventura, ahora hay que apretar a los vecinos. El escenario ha cambiado.

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