Tras la invasión, la normalización
Tras la invasión, la normalización
Por Hughes
5 de agosto de 2026

Llega agosto y se hace imposible hablar de cosas de agosto.

La aceptación y reparto de los que llegaron con la invasión marroquí supone digerir, metabolizar y normalizar un acto de guerra.

Hace unos días, al recordar el 18 de julio (recomiendo la serie de Arnaud Imatz en estas páginas), uno podía caer en que la manipulación sectaria de la historia que olvida la violencia previa no es más que una estrategia de partido. En realidad, es el PSOE tapando al PSOE. La ‘opinión sincronizada’ lleva un siglo y la historiografía española es, en parte, el encubrimiento de la responsabilidad política y criminal del PSOE.

Casi divierte pensar en lo que dirán dentro de un siglo. El gobierno permitió la invasión de Ceuta y colabora asumiendo sus efectos y distorsionando lo sucedido con la ayuda de lo que queda de Consenso, de Europa y por supuesto de la Iglesia. El domingo, el cura de mi barrio decía que donde caben diez caben doce. La imagen del menor no acompañado es una especie de invencible imposición narrativa.

Para colmo, a Pedro Sánchez y a Marruecos le han salido palmeros nuevos. Al freak show del CNI, que da para una velada de Ibai, hay que añadir al conspiracionismo de corte antisemita, que no es solo un ataque de odio a los judíos, sino un ataque particularmente repulsivo a la inteligencia de todos. Se lleva avisando tiempo: el de EEUU es un intento de quebrar la coalición de Trump después de Trump, debilitando la derecha americana. En España, su objetivo es Vox. Se ve pronto que son una especie de internacional (que no toma vacaciones) del boicoteo a la derecha que fortalece las fronteras. Gaza les importa lo mismo que los muertos en Ucrania. El cui prodest sale solo.  

Hay que reconocerle algo al PSOE: pronto asume su obra. En eso toma el camino de Melenchon en Francia, político izquierdista que ya abraza el Gran Reemplazo. El PSOE disimula sus responsabilidades un tiempo, lo hizo con la ETA, con Puigdemont y lo hace con Marruecos, pero luego defiende el resultado sin complejos. Disimula o calla las corrupciones concretas que le llevan a asociarse con enemigos externos o internos de España, pero luego es un entusiasta defensor del producto. El PSOE es como una célula cuya función, aparentemente buena o propia del organismo, tiene el efecto, como un caballo de Troya, de hacer prosperar en el cuerpo a los parásitos o patógenos. Es una célula puente hecha para extender el ataque por el organismo. De esta forma, que de algún modo ha de ser muy lucrativa, garantiza su supervivencia. Los parásitos con los que colabora van cambiando con el tiempo. Ellos aportan algo creativo, como un nuevo código biológico, y de ese impulso vive. En cierto modo, parasita al parasito.

Pero llegado un momento, el PSOE no miente, Cuando avanza la enfermedad y sus efectos, deja de disimular. Entonces su gran función es asumirlo plenamente: normalizar y celebrar el cambio. Naturalizar la deformación, la monstruosidad o el debilitamiento morboso.

Por eso, llegado un momento, el problema acaba no siendo tanto el PSOE, como los que confunden constantemente el debate. Organismos de otro tipo cuya función es mandar al cuerpo señales de que no sucede nada excepcional. Células torpes (en apariencia) maquillando el estrago de institucionalidad o humanismo cristiano.

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