Un futuro neuroplástico
Un futuro neuroplástico
Por Hughes
17 de septiembre de 2025

Cada día, y esto irá en aumento, hay un dato, estadística o gráfico que nos llama la atención. A veces hay varios y alguno pasa desapercibido. La semana pasada sucedió con un informe de EsadeEcPol sobre la calidad en la educación. Uno de los factores que explica el rendimiento académico es la coincidencia o no de la lengua materna con la lengua en la que se estudia, y ahí el caso español ofrece un resultado llamativo, peor que Francia, país de comparación del estudio, y peor que la OCDE.

En España, la proporción de alumnos de primaria que desconocen la lengua de instrucción (por no hablarla nunca en casa o solo a veces) es del 32,1%.

El dato se ha agravado porque en sólo cuatro años, de 2019 a 2023, la proporción de niños que nunca hablaban en casa la lengua del colegio pasó del 8’6% al 12,4%, incremento súbito que solo puede explicar la inmigración, una de las razones que, sin más profundización, aportaba el estudio.

Una era la inmigración (se supone que marroquí), otra la escolarización forzosa en catalán, vasco u otras lenguas oficiales y, añadía, el uso de inglés como lengua de instrucción en comunidades como la madrileña.

Son motivos muy distintos, asociados a realidades dispares y hasta opuestas, pero que deparan un resultado asombroso: uno de cada tres niños en España es escolarizado en una lengua que no es la materna.

Si consideramos que garantizar la escolarización en la propia lengua fue una de las ideas que movió el régimen del 78, una de sus conquistas, de sus gloriosas hazañas, el resultado pasa de lo paradójico a lo cómico.

En la realidad que refleja el estudio caben los niños marroquíes que llegan a España, los niños castellanohablantes escolarizados en catalán y vasco, desoyendo todas las sentencias, y los niños que dan el salto al inglés para entrar en los flujos competitivos de la globalización, sistema que da resultados como que una niña madrileña exclame —y esto lo he visto yo— «¡me duele la joint!» mientras se señala la rodilla.

Son las dos direcciones de la globalización, de entrada y salida —recibimos inmigrantes poco formados o que ignoran el idioma, exportamos titulados con inglés formados con recursos públicos—, junto a la sempiterna inmersión lingüística de las regiones «históricas».

Así, uno de cada tres niños, sin discriminaciones por inteligencia o nivel educativo, estudiará en una lengua que no es la propia. Cualquiera pensaría que el aprendizaje se verá afectado o que habrá ninis políglotas que ni en un idioma ni en el otro, pero también podemos abandonarnos al candor, al optimismo, a la credulidad más absoluta y pensar que España será un país de niños bilingües cuando no trilingües, futuros adultos de enorme plasticidad neuronal que dirán cosas inteligentes y hasta geniales en varios idiomas.

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