Un murciano encabronao
Un murciano encabronao
Por Hughes
8 de febrero de 2026

De las voces de Internet, de los llamados medios alternativos, uno se puede fiar casi lo mismo que de los tradicionales. Hay un ecosistema de voces «disidentes» sospechosas. Sucede también que el ciclo de satisfacer al suscriptor degenera y pocas personas despiertan una sensación de naturalidad o verdad.

Una, y apenas conozco de él, es una impresión, es un señor que se hace llamar Un murciano encabronao, de nombre Raúl. De Murcia, de donde sale lo mejor de España. Ahí está el realismo político de Jerónimo Molina, con Domingo González cerca, y este otro realismo del Encabronao, un podador de arboles, autónomo, padre de familia, normal —él se dice paleto— con cosas de locutor sin emisora: la voz entonada, facilidad para el mote y la elocuencia, y una vehemencia de calle, auténtica, no de indignación, palabra que suena a podemita, sino de encabronamiento.

Su periodismo, que lo es, es un presentarse en los sitios y una indagación en la corrupción ambiental, una documentación de lo que pasa en España, en los pueblos, en el campo y las regiones.

Es anticomunista y antiseparatista, no puede más con los peperos, y al hablar y contar (desde allí) las incidencias de la inmigración en el País Vasco consigue relacionar esa nueva situación con los años de ETA. Lo hace porque los lleva clavados. Hay algo generacional ahí. Tiene bien presente las décadas de humillación que guarda dentro el español, especialmente el meridional, el no singular. Su encabronamiento se nota que viene de lejos.

También conoce el paño del sector, de los influencers de moda, de dónde vienen y qué hay detrás de tanto cantamañanas y no se sirve de la geopolítica para monetizar la debilidad mental ajena y colar gato tercermundista por liebre soberana: cuenta con simpatía a Trump, que es lo que separa el grano de la paja ahora mismo, como lo cuenta bien Luis del Pino, única voz de la radio española fiel a la realidad.

El Murciano se recorre España, la callada, en un reporterismo vivo, suyo, y al ver sus vídeos entran ganas de coger el coche y perderse por las comarcas. El murciano encabronao forma parte de este momento, de la necesidad de reconocer el territorio español, de ir al terreno para salir del engaño madrileño sobre el país.

Raúl es una voz de currante, franca, sanamente populista, con carraspeo y deje de pueblo, opuesta en el hablar mismo a la élite, la que contrasta más con el coro que copa y copea las radios españolas. Y digo radio porque no tiene los énfasis cretinos del youtuber, no viene del game, de matar marcianitos, ni mueve las manos como tras un mosquito; se apoya en silencios serios de radiofonista, silencios de pensarse las cosas, pero sería una radio que llegara del otro lado, como cuando Encarna daba la entrada a un oyente y era un camionero, uno de «la rosca», desde cualquier punto de España. Esas dos voces en una son el encabronao.

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