Una lectura sensata
Una lectura sensata
Por Esperanza Ruiz
23 de diciembre de 2025

María Guardiola pide a Vox una «lectura sensata» de los resultados de las elecciones autonómicas de Extremadura. La expresión tiene algo de desespero, aunque recuerda a eso que tanto gusta en ciertos predios: lo de la «derecha sensata», el «sentido común» y otras planicies semejantes. Si uno se pone serio —sensato incluso—, lo que aparece no es precisamente una victoria cómoda del PP. Vox logra su mejor resultado histórico en Extremadura y ella pierde del orden de diez mil votos respecto a convocatorias anteriores. La estrategia, que consistía en reforzarse para no depender de Vox, ha arrojado exactamente el resultado contrario.

Aun así, la protagonista silenciosa de los comicios, una vez más, ha sido la abstención. La participación en Extremadura, alrededor del 62,6%, casi ocho puntos menos que en 2023, nos da una abstención superior al 37%. Es innegable la crisis de representación que sufre el español de infantería, que se siente tan alejado de la clase política y de sus quehaceres como lo están, a la inversa, «sus representantes» del «pueblo». El sistema pierde la capacidad de movilizar, sencillamente, porque cada vez representa a menos.

Los siete escaños de Vox en la región contienen buena parte del mundo que vive del sector primario. En el campo, en lo rural, reside el último baluarte del arraigo. La gente vive cerca de la tierra en el oeste peninsular y lo natural es que cualquier partido patriota, soberanista o de la derecha nacional —llámese como se quiera— se lleve el gato al agua. Quizá lo que ocurre es que ya no cala lo de «extrema derecha», esa estafa intelectual del columnismo sistémico que intenta reenviarnos a ciertas imágenes de palizas con bates de béisbol o a cualquier otro framing perverso.

Hace algo más de diez años se inicia la tendencia que vimos con la primera victoria de Trump, el Brexit o el Frente Nacional de Le Pen, cuando algo comenzó a resquebrajarse en el consenso político de Occidente. En 2014 empezamos a escuchar el runrún de una incomodidad que va en aumento. Los partidos tradicionales representan «el mundo de ayer» (que casi cumple un siglo) y sirven a provechos cipayos, sin apenas matices entre ellos. El clivaje, no descubrimos nada nuevo, ha dejado de estar en el eje izquierda-derecha para contraponer la inmigración descontrolada, la tiranía burocrática de organizaciones supranacionales y un largo sumatorio frente a los intereses de la gente corriente. En España dicha inclinación ha tardado algo más en cristalizar —son cincuenta años de secuestro emocional—, pero cualquier partido de corte soberanista tan sólo necesita ser hábil. Tiene todo el campo, nunca mejor dicho, por delante.

La lectura sensata implica, por tanto, escuchar a la gente y gobernar para ellos. Sería bueno que Guardiola, tan amiga de globalismos, leyera bien la derrota del PSOE. Una lectura penosa hablará de modas en el resultado obtenido por Vox, como lo fueron Ciudadanos o Podemos, o analizará el cambio rememorando elecciones pasadas. No habrán entendido nada. Otra lectura, esta vez menesterosa, seguirá empecinada en reivindicar a la «derecha de orden y sentido común». Estarán alienados con el mundo de ayer, que no deja de ser, aunque confiemos que por poco tiempo, el de hoy. Ellos sabrán por qué.

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