Una (nueva) épica para (algunos) universitarios
Una (nueva) épica para (algunos) universitarios
Por David Cerdá
19 de marzo de 2026

Me dicen por el pinganillo que se ha vuelto a liar en una universidad donde un puñado de universitarios han combatido como jabatos contra el opresor pensamiento crítico y han impedido que alguien contase algo que no les gustaba: fuera, fascistas, de la universidad y todo eso. Como fui, estoy cerca de y me importan los universitarios creo que ha llegado la hora de plantear una épica distinto a estos cachorros de ciudadano, dado que esta de la internacional antifascista no está saliendo nada bien y nos está avergonzado a (casi) todos. Como la voy a dejar escrita aquí ninguno de ellos la leerá, porque están convencidos que la verdad está en función de la cabecera que la publica, y para ellos esta es facha total y no van a gastar cinco minutos en ser desafiados; pero de todas formas la voy a escribir, por si un algún amigo desprejuiciado que les quede les hace un aliño con la IA o algo y les pone encabezado, qué sé yo, de Gara o El plural y entonces sí que se la leen.

Lo primero que voy a decir es que, si todos, para vivir bien, necesitamos una épica, del griego epós, es decir, un discurso con peso que dice de la importancia de esta vida y su sentido, mucho más los jóvenes. Uno va a la universidad, además de para aprender un oficio, para tratar de madurar y buscar una voz crítica y su lugar en el mundo, de modo que a todos, me parece, nos corresponde empatizar con quienes gritan y se manifiestan, más al menos que con quienes agachan la cabeza y se integran sin más en el sistema y no tienen más aspiración que una nómina. Ser joven, si es con salud, implica ser contestatario, y lo que pasa es que conviene que sea además con cierto sentido, y no a favor de corriente y sin entender nada como los que van de antifachitos. Se trata, entonces, de acertar con la épica cuando se es joven y por supuesto después, que esa es otra.

Esta es la excelente noticia para estos violentos desnortados: sí, la vida hay que combatirla junto a otros, estáis, en ese preciso sentido, en el lado correcto de la historia, pero no, no es ahí hoy adonde hay que mirar, a combatir el «fascismo», que en España no hay fascistas, tuercebotas, más allá de cuatro pirados y eso porque hay pirados en todas las latitudes del pensamiento, no es ese el enemigo, sino el enemigo de siempre: la corrupción, el poder abusado, quien destruye vuestras ilusiones y vuestro país por interés o inutilidad manifiesta. ¿Queréis gritar?, mirad: queremos que gritéis, pero no contra quien viene a vuestra universidad a expresar determinadas ideas o a defender determinado proyecto político, sino a quienes quieren recortar esa misma libertad y lleváis años escuchando que en vuestro país ya no hay, como en todos, dos sensibilidades plausibles, una más liberal o conservadora y otra más progresista, sino un muro que separa el bien del mal y medio país, que encima crece, a favor de «mantener a vuestros abuelos en las cunetas» (por cierto: son vuestros bisabuelos y ni sabéis quienes fueron), «meter a las mujeres otra vez en la cocina» y otras lisérgicas estupideces.

¿Cuál es, entonces, esa épica buena, la que os conviene y nos conviene? Pues, mirad: la de siempre. Necesitamos comunidades unidas en donde el conciudadano importe, el prójimo no esté de más y no haya retrocesos en la igualdad de derechos y oportunidades de mujeres y hombres, y para eso hace falta aparcar el hashtag y mirar a tu vecino como un igual e independientemente de que sea más progresista o conservador y reconstruir nuestros barrios y nuestras familias, diversas, faltaría más, pero dignas. Necesitamos hogares, porque, sabed: el experimento de mucha gente sola que no crea vida ha salido solo regular, a pesar de lo que prometía, y si hay una épica por la que luchar es contra la soledad, la creciente imposibilidad de conseguir un sitio donde vivir, la seguridad en nuestras calles y el resto de cosas por las que merece la pena combatir, en vez de contra el trampantojo del fascismo que, os lo voy a decir, está siempre donde quienes violentan.

Estoy hablando para algunos universitarios porque, mirad, no es casualidad, cada vez son más los jóvenes de este país a los que llamáis, por lo que tienen intención de votar, fascistas. Eso es algo que debería haceros reflexionar; eso y que haya una ínfima cantidad de jóvenes dispuesta a votar por quienes han gobernado durante los últimos cincuenta años (spoiler: no es solo por llevar la contraria, ni hablar). No es que la mayoría demuestre que nada sea bueno; yo también creo que, como decía Henry David Thoreau, aquel que tiene razón constituye una mayoría de uno. No os digo que nada de eso os deba llevar, sin más, a cambiar de bando, porque lo que no quiero de un universitario de mi país o de cualquiera es precisamente que tenga bando, sino que tenga seso. Pensad qué cosas están pasando en el mundo y por qué está cambiando el viento entre los jóvenes; y descartad a este respecto, os lo ruego, la hipótesis de que hay una internacional fascista o que son los medios o Elon Musk o Donald Trump o el Mosad, teorías más simples que un botijo.

Tan solo un apunte final, que tiene que ver con el gobierno. En Annie Hall hay una escena hacia el final en la que a Woody Allen, al irse a separar de Diane Keaton (que en paz descanse) y tener que decidir qué cosa era de cada uno, esta le acerca una caja que sabía que era suya porque estaba llena de insignias metálicas que ponían «fuera Nixon», «fuera Carter» y en fin, fuera todos los presidentes. Esta es mi última idea: una persona crítica de verdad está siempre en contra del gobierno, incluso si su signo le gusta. Uno es crítico cuando fiscaliza al poder, aunque le reconozca sus logros —si los tiene—, porque ser un ciudadano de veras es estar en guardia más que nada y exigir mucho más a quien manda.

Si encima es uno de la catadura del gobierno actual ni te cuento, querido joven.

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