Una organización criminal
Una organización criminal
Por Roberto Granda
6 de septiembre de 2026

Cuando era niño y adolescente, las mafias tenían una fascinación a la que hoy ya no pueden aspirar, caído el velo del misterio. La culpa era del cine: era de Howard Hawks, de Coppola, de Scorsese; pero luego supimos que la realidad se presenta de forma mucho más sucia, más vil, más inmisericorde; alejada de ese aura de romanticismo y aventura, de forajidos intrépidos, familia, códigos de honor, violencia necesaria y hombres bien vestidos. Ese imaginario que nos había embebido.

Los Soprano nos enseñó a un antihéroe que va al psiquiatra y la banalidad del mal, y leer a Roberto Saviano y a Don Winslow sirvió de espanto y de cura a todo lo anterior.

Interviniendo como experto invitado en una sesión en la Junta General del Principado, fui llamado al orden por referirme a la PSOE como «la organización criminal de nuestras vidas». Tampoco a algunos de los ínclitos políticos presentes les hizo mucha gracia el comentario, a tenor de sus airadas protestas. Peor para ellos.

En mi día a día veo, presiento, miro, hablo. Leo. Sobre todo eso. Podría alegar que «estructura criminal» es un término que la UCO describe en sus informes, o que el Tribunal Supremo vio de forma irrebatible la organización criminal que formaban Koldo, Ábalos y Santos Cerdán, algo que no podrían haber constituido a expensas del partido. Lo hicieron precisamente porque estaban en él.

La PSOE es una franquicia económica, financiera y operativa. En ella contribuyen empresarios de varias sociedades y está enraizada de manera profunda en todos los estamentos del Estado. Mil ojos tiene la banda.

El Partido Socialista es, de forma clara y reiterada, el que más dinero privado recibe en España. Una supremacía económica que no nace directamente de la actividad criminal, sino de la capacidad de equilibrar los capitales legales e ilegales. Luego realiza, dentro de la estructura, una gestión vertical, empresarial, y decididamente hostil al bienestar de los españoles. Aunque aparezca «obrero» en sus siglas, la organización está más cerca de ser un capricho burgués que una esperanza de los parias.

Durante la pandemia, durante la Dana en Valencia, en el accidente de Adamuz o en la invasión de Ceuta… su participación, gestión negligente o complicidad sólo acarrearon dolor, tragedia y terror. Ahora, una crisis de seguridad, geopolítica y de salud pública.

La PSOE es, por número de afiliados, la mayor organización criminal de España, y una de las más grandes de Europa. Es una pirámide prácticamente perfecta, y su lista de delitos a lo largo de su historia cubre sábanas enteras. Incluso los de esta última década.

Los ciudadanos españoles no necesitan a los clanes de la PSOE, son los clanes de la PSOE los que tienen una necesidad extrema de los ciudadanos españoles. Necesitan su voto, su ingenuidad, su complacencia cómplice, sus espectadores para consumir a los proselitistas de guardia en los medios.

Ningún alto cargo puede abandonar durante mucho tiempo su puesto, ya que sobre él se edifica todo el poder y también por él puede derrumbarse. Sólo sobreviven los que se mantienen dentro de la disciplina de la corporación.

Existe una estructura federal de clanes regionales que se han hecho cada vez más autónomos. Desde Madrid no se prestó demasiada atención al fenómeno de los socialistas en la periferia del país. Y ahora esas federaciones socialistas, como la asturiana, empiezan a chupar como piojos voraces y frenan todo avance económico en esas provincias.

Zapatero fue la cara más visible, en narcodictaduras y asesorías, de un flujo empresarial internacional. Su figura está intrínsicamente ligada a uno de los tráficos intercontinentales más florecientes que la historia criminal haya conocido jamás.

Maletas en aviones, vuelos a Dominicana, cuentas opacas y operaciones que saltan océanos. La PSOE ha saltado fronteras.

Para justificar sus monstruosidades, tienen a todo un ejército de complacientes desinformadores. Menuda tropa, ellas y ellos; absorben con fruición el enésimo lechazo que su presidente les da a engullir. Por supuesto, hay otro periodismo admirable y necesario, crucial. Combatir con investigaciones el poder de la organización comporta una paciencia inquebrantable, tirando uno a uno de los hilos de la madeja económica para llegar a los capos.

Con una dignidad casi fordiana, aguantan presiones y campañas de descrédito, sin dejar en ningún momento de hacer su trabajo, con esa virtud esencial llamada profesionalidad.

Es preciso seguir las informaciones que permitan percibir un atisbo, las que abren las puertas a comprender, aunque sea mínimamente, parte del organigrama entero, el enorme periplo del poder económico y de medios de la organización.

Comprender cómo funcionan las cosas, cómo va el derrotero del presente. No es un fenómeno intangible, la sociedad del puño y la rosa está formada por personas y sus lazos y conexiones son, en su mayoría, rastreables. Por eso, la próxima vez que tenga la oportunidad de comparecer, cuando sea llamado al orden, diré: «¿Organización criminal? Sí, por supuesto».

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