Unas palabrillas sobre el congreso del PP
Unas palabrillas sobre el congreso del PP
Por Hughes
8 de julio de 2025

Al final, se acaba enganchando uno a los discursos de Ayuso. Producen una mezcla de padecimiento y culpable placer y dejan perlas como nísperos.

En el Congreso Nacional del PP, declaró a Madrid «casa de los que huyen del comunismo». En lugar del proyectado London Eye, deberían elevar en la capital, en algún punto del Manzanares, su propia Estatua de la Libertad inspirada quizás en el perfil de Cayetana Álvarez de Toledo mirando al infinito o diciendo «los populismos».

Al organillo de la Libertad le dieron una vueltecita más. «¡Que me dejen en paz ser libre a mi manera!», exclamaba la Presidenta de modo no muy distinto a Samantha Hudson horas antes en el Orgullo, otra londonización madrileña. «No hay dos personas iguales, no hay dos proyectos iguales», patetizaba Ayuso, pues uno es uno y su «proyecto», mezclando a Ortega con los anuncios del Santander.

Ayuso llevó más allá la disyuntiva «comunismo o libertad», la internacionalizó, hizo a Madrid «home of the free, land of the brave», conectando el centralismo confederal, el anticomunismo maniático y la actualísima inmigración; Ayuso supera el humanitarismo open arms de la izquierda (el asín de ancho de Moreno Bonilla) y el mero provecho económico (las pensiones, el trabajo que tú no quieres…) para enriquecer de ideología su inmigración, vistiendo la globalización de muro de Berlín y guerra fría.

Madrid no es la cuna de los madrileños, sino la casa de los de fuera, que no son ya los emigrados del Libres e Iguales, los ibéricos desertores del arado, ni los homosexuales de provincias que vienen a «probar la libertad», sino las masas humanas comunistizadas del Este (pocos ya, si alguno) y de allende los mares. Madrid es de todos los que quieran venir a Madrid.

Bien. Ese discurso de la Libertad debería ir acompañado del discurso de la responsabilidad. Porque hay consecuencias en términos de seguridad, trabajo, vivienda y servicios para los madrileños; unos efectos muy desiguales: hay quien podrá tener «servicio» y quien será atracado en el parque y recordarlo no es xenofobia. Es endojeta negarlo. La Libertad de Ayuso tiene consecuencias que sufrirán otros.

Si este discurso, indistinguible del sanchismo, era la línea ‘dura’ para engatusar al normadrileño con alquileres (derecha boomer, pero también derecha inmobiliaria), imaginen el resto del congreso.

El PP se define como una paella para turistas: centro-reformista-humanista cristiano-liberal-conservador-democristiano, y tan en el centro que puede pactar con cualquiera; con el PSOE bueno, que no es ya solo el viejo PSOE (cuando, como Puente le recordaba a Page, un ministro era condenado por secuestro) sino el PSOE bueno de ahora, el PSOE sin puteros, categoría, la de «putero», que según El País representa todos los errores de la historia; también podrá pactar, y se dice como si nada, con Junts, por mucho que intentara evitarlo Alejandro Fernández.

A lo tonto (siempre a lo tonto), el PP ha rehabilitado la pactabilidad de Junts, lo que tiene su puntito de amnistía, y se ha hecho el sueco a base de bien con la DANA de Mazón, que ahí sigue. La altura cívico-moral, la ejemplaridad, la dignidad del Estado de Derecho, esas cosas que se leen tan campanudas se quedan en lo que se quedan…

Siempre se dijo que el PSOE es lo que más se parece a España. Pero este PP se está pareciendo bastante. Vive congelado, alelado, estupefacto, aburridísimo y a lo suyo, con una especie de irrealidad profunda… 

La ausencia de renovación es tal en el PP que lo más recalcitrante sigue siendo Aznar, que hace de refundador y de terrible. Llegó vestido de verano, de dandi neocon rompiendo la uniformidad cromática con un blazer que también llevaba arremangado, como es norma en la casa. Si Steve Bannon se pone dos camisas, Aznar se arremanga las camisas y las americanas, lo que le pongan. Unos enseñan los tobillos; él enseña cúbito y radio. Le quedaban al aire las muñecas, broncíneas y desnudas, como para irse cubriendo de pulseritas: la centrista, la liberal, la reformista, la humanistacristiana… Imaginen la ceremonia, cada miembro de la ejecutiva, barón y baronesa, subiendo entre aplausos a ponerle una. ¡Ojála en el próximo congreso! ¡Les regalo liberalmente la idea!

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