Una estatua de la Virgen María ha sido vandalizada y destruida durante la madrugada del 30 de septiembre al 1 de octubre en Porto-Vecchio, localidad situada en la isla francesa de Córcega.
El alcalde del municipio, Jean-Christophe Angelini, ha denunciado públicamente el ataque y ha reclamado a las autoridades una respuesta «firme y rápida», mientras la Fiscalía de Ajaccio ha abierto una investigación para esclarecer lo ocurrido.
«¡Vergüenza!», escribió Angelini en sus redes sociales al comunicar el ataque. El regidor recordó que la imagen había sido instalada durante su primer mandato, a petición del sacerdote de la localidad, bajo el arco de la rotonda de Stabiacciu.
«Este símbolo, al que los habitantes de Porto-Vecchio están profundamente unidos, fue vandalizado y destruido anoche por uno o varios irresponsables», señaló. Angelini calificó lo sucedido como un «acto despreciable» y aseguró que lo condenaba tanto en nombre del Ayuntamiento como personalmente.
La parroquia presenta una denuncia
La estatua pertenece a la parroquia local, que también ha presentado una denuncia después de conocer los daños. La comunidad católica ha pedido al mismo tiempo a los vecinos que mantengan la calma y ha convocado una concentración en la rotonda de Stabiacciu a las 17.30 horas de este jueves, coincidiendo con el comienzo del mes del Rosario.
El ataque ha generado una fuerte reacción entre los habitantes de la localidad y en las redes sociales. Un vídeo difundido en Internet aparentemente muestra a un joven trepando por la estatua durante la noche, aunque por el momento las autoridades no han informado de ninguna identificación o detención relacionada con los hechos.
Investigación abierta
La Fiscalía de Ajaccio ha confirmado a France 3 Région que existe una investigación en curso. Por ahora no se ha informado públicamente de la identidad de los responsables ni de las motivaciones detrás del ataque.
El alcalde ha prometido que la imagen de la Virgen será repuesta «lo antes posible». Angelini ha asegurado que la restauración se llevará a cabo de acuerdo con «nuestras tradiciones, la voluntad de los habitantes de Porto-Vecchio y nuestra voluntad política».
El ataque se produce así contra un símbolo religioso instalado en un espacio público y especialmente vinculado a la identidad local, cuya destrucción ha provocado la reacción inmediata tanto del Ayuntamiento como de la parroquia y de numerosos vecinos.