TRIBUNA | JOAQUÍN ROBLES
Acerca de un manifiesto
Acerca de un manifiesto
El presidente de VOX, Santiago Abascal, junto a los presidentes provinciales y portavoces nacionales de la formación. Flickr
Por LGI
23 de marzo de 2026

Un servidor siempre ha tenido verdadera devoción por el filósofo Benito Espinosa. Por eso he intentado, aunque con poco éxito seguramente, aplicar su máxima de «no burlarse de las acciones humanas, ni lamentarlas, ni odiarlas, sino entenderlas»; así pues, bajo esta premisa quiero entender el manifiesto, publicado por Iván Espinosa y 14 firmas más. Entender sus razones; esto es: las explicitadas en el mismo texto, dejando al lado las de tipo psicológico y sociológico —incluso etológico— que abundan en toda institución humana que, con alta probabilidad, son ya conocidas por los lectores.

Al grano:

1. La primera sorpresa

La primera sorpresa aparece cuando 15 personas tan eruditas e intelectuales no se han dado cuenta de que no se puede pertenecer a un proyecto (sic) antes de que el proyecto exista:

Nosotros, militantes y ex dirigentes de este partido, comprometidos con este proyecto desde su origen —algunos desde el primer día y otros incluso anteshacemos público este manifiesto desde una convicción sencilla: la lealtad política es a las ideas, no a las personas

Desde luego, descartada por imposible la operación de comprometerse con un proyecto antes de su génesis, esto sólo puede entenderse como una especie de alegoría: cuando se refieren al proyecto no aluden a su cristalización en VOX o en DENAES —en ambos casos resultado, esencialmente, de la visión política, del esfuerzo, del trabajo y del riesgo asumido por nuestro presidente Santiago Abascal— sino a un conjunto de ideas a las que dicen «tener lealtad política» y que, obviamente eran anteriores a Santiago, y a ellos. Y con esto ya se está insinuando, de manera muy poco fina a la par que pudorosa, que nuestro presidente ha «traicionado» esas ideas que, ¿por arte de birlibirloque?, se convirtieron en VOX.

Y yo pregunto ¿Qué es eso de que la «lealtad política» es lealtad con las ideas y no con las personas? ¿Qué fundamento tiene esta simpleza mayúscula, amén de falsa? ¿Y cuáles son esas ideas? La lealtad no es una virtud formalmente política, sino moral, que, no pocas veces, choca con la prudencia política (la lealtad entre los miembros de un grupo separatista, por ejemplo) y no se tiene nunca «con las ideas» sino con el grupo de personas que comparten esas ideas, en todo caso. La lealtad tiene como fin la preservación de los grupos a los que se pertenece, con independencia de los fines que el grupo persiga, sean estos grupos de carácter político, empresarial, militar, religioso, o, simplemente, de amigos. Y muy específicamente, incluye, entre otras acciones, el no torpedear esa amistad, esa empresa, partido, ejército, poniéndose a disposición de otros grupos de adversarios o enemigos en calidad de confidente, de difamador o de espía.

La lealtad a las ideas como definición de «lealtad política» es gratuita y tan sólo puede entenderse como metáfora grosera y superficial. Las ideas se expresan, se defienden, se critican o clasifican, pero no son objeto de lealtades. Más aún: las ideas son buenas o malas, rectas o torcidas y se ha de estar dispuesto a rectificarlas, adaptarlas o pulirlas cuando fuera menester.

Harina de otro costal son los principios de naturaleza ética, moral, política, o los principios de las ciencias; estos principios lo son de sistemas doctrinales, de sistemas filosóficos o de sistemas físicos, matemáticos, biológicos, etc.

Pero los principios que guían la acción de VOX —no tanto como primeros principios de un silogismo o de una deducción matemática, sino como fundamentos de carácter político y que, inmediatamente remiten al problema de España, de su unidad y de su identidad— siguen siendo nucleares y están incorporados a la acción política de nuestro presidente y de todos los demás. El desempeño de cada una de las portavocías nacionales de Vivienda, Economía, Educación, juventud, etc. las políticas de inmigración, la energética, la agrícola, ganadera e industrial… tienen como primer principio al ya señalado de la defensa de la unidad y la identidad de la Nación. En cada una de las intervenciones de nuestros diputados, portavoces parlamentarios y senadores se advierte la presencia de este primer principio.

Pero la naturaleza dialéctica y no científica de otros principios medios, de carácter ideológico (que incluyen también tanto principios morales, como de la economía política, entre otros), produce contradicciones entre ellos; contradicciones que, de modo inmediato, exigen tomar partido por unos, y no por otros, de modo prudencial. Pues bien, en esta toma de partido, según el manifiesto, VOX ha dado “un giro estatalista y obrerista alejado de la defensa del libre comercio como motor de crecimiento”.

O sea: hemos traicionado la lealtad a las ideas de la muy liberal teoría del libre comercio de mercancías ¿quizás al no estar de acuerdo con que nuestros agricultores y ganaderos tengan que cerrar sus explotaciones, arruinados por la competencia desleal? ¿Acaso hemos traicionado los principios de VOX al defender a los trabajadores, o a los autónomos, asfixiados por la competencia de grandes multinacionales, tanto como por los abusivos impuestos? ¿Al querer reindustrializar España y lograr la soberanía energética y alimentaria sin depender de ese libre comercio internacional de mercancías, en la medida en que esto sea posible, priorizando la producción nacional y compitiendo en el mercado en igualdad de criterios de comercialización y de calidad del producto? ¿Nos oponemos al sagrado espíritu liberal cuando queremos priorizar a los españoles a la hora de adquirir vivienda, con rebajas fiscales y ayudas a los jóvenes, para que puedan fundar un hogar, en lugar de poner puentes de plata a inversores extranjeros y especuladores? Pues ahora resulta que eso es «obrerismo estatista» y no han faltado por ahí los culiparlantes que deslizan una supuesta podemización de VOX. Otro espantapájaros. A lo mejor a los abajo firmantes les resulta, en su ridículo elitismo, más pertinente una suerte de despotismo ilustrado, liberal y conservador, centro reformista y europeísta, que guíe al pueblo hacia el bienestar, evitando dar giros obreristas, confiado en la libre circulación de mercancías, trabajadores, bienes y servicios y en la mano invisible del señor Adam Smith agitada en la coctelera del conservadurismo moral que la constriñe piadosamente. Liberalismo conservador, contradictorio e indefinido, que no les impide acudir a tertulias de televisión y periódicos subvencionados por partidos o por el gobierno, a soltar su bilis contra VOX y su presidente.

De este modo, el hecho de que, por diferentes motivos (unos no resultaron elegidos en 2023, otros renunciaron a su acta, o fueron apartados de las listas o están en vías de expulsión) los «abajo firmantes» ya no ocupen cargos orgánicos o electos en VOX, quedaría justificado, no ya por la evidente conducta desleal de quienes no aceptan las decisiones de la dirección nacional, critican públicamente al partido y a su presidente -o, como en este manifiesto, insultan gravemente a quienes aun permanecemos en él, diciendo que “El partido se hace pequeño también porque hoy no tiene capacidad real de atraer talento ni de retenerlo: no se incorporan perfiles con experiencia política, empresarial o social, ni voces académicas o profesionales de reconocido prestigio”, sino, nada menos y siempre según ellos, por su fidelidad y lealtad política a una ideas que no se sabe muy bien si son conservadoras, liberales o las dos a la vez… y viva Cartagena.

Y, por otro lado, debe existir, según sugieren, una conducta suicida y absurda de la dirección nacional del partido, que prefiere, por lo visto, tener personas mediocres, como un servidor y los demás que aquí siguen, antes que ilustres filósofos, economistas, politólogos, catedráticos e intelectuales de renombre como los firmantes del manifiesto y otros, que desconocemos, pero que, seguramente, velan armas, esperando que VOX los incorpore, tras el congreso extraordinario, para «ensanchar y prestigiar» su base. Y con esta afirmación se produce el mayor de los insultos, la mayor de las insidias, porque se está diciendo —siempre con sordina, más resultado de la cobardía que de la prudencia— que a la dirección del partido no le interesa la excelencia sino la maleabilidad de sus cargos, porque no le importan los principios ni España, sino mantener una especie de chiringuito. Es una vergüenza. Y una falsedad.

Ruego a tan ilustres abajo firmantes que nos expliquen cuáles son los criterios para determinar quien tiene o deja de tener talento ¿Lo tiene todo aquél que se va y carece de él todo el que se queda?

Más tarde aclaran que el talento se demuestra, más o menos, al tener criterio propio: «un proceso de reducción y empobrecimiento interno. No se ha tratado de cerrar formalmente el proyecto, sino de estrecharlo en la práctica: concentrando decisiones en muy pocas manos, debilitando el debate, eliminando contrapesos y apartando a quienes mantenían criterio propio. El resultado es un partido más pequeño por dentro, menos plural y menos ambicioso«.

Ya lo saben: quienes seguimos en VOX carecemos de criterio propio, somos sumisos; ya lo dijo el antiguo ala pívot gallego y murciano, metido en harinas filosóficas «La lealtad (que, según él no se pide sino que se exige) no es sumisión«. ¿Qué más necesitan saber? Con semejante talento filosófico político estamos seguros de que pueden regenerar un partido, un estado y hasta determinar el destino de la Humanidad.

Una lealtad que, entonces, hemos de suponer traicionada por quienes seguimos trabajando en VOX, sumisos, a cambio de las migajas de la dirección, según su criterio. Me avergüenza profundamente y me entristece (disculpas por salirme de la máxima indicada al principio) que mis antiguos compañeros tengan esa opinión de nuestros portavoces y diputados nacionales, regionales, concejales, afiliados y voluntarios.

A la vez que me extraño de que tanto talento desperdiciado por VOX, tantas personas rebosantes de criterio propio (¿sobre qué?) leales a ideas (tan nobles como inespecíficas) y con tantas habilidades asombrosas como ser de VOX antes de que VOX existiera, no sean objeto codiciado por otros partidos ¿no había abierto hace unos meses Feijoo la veda para la caza de los talentosos ex de vox? por la cúpula empresarial, el IBEX 35 o por cualquier organización filantrópica deseosa de incorporar un capital humano y sobrehumano tan extraordinario… Tan extraordinario como el Congreso pretendido en donde nos van a enseñar a los demás a tener criterio propio y lealtad a las ideas.

2. Los contrapesos y el miedo

Y a ello se suma un hecho incontestable: dentro del partido se ha instalado un clima de miedo a moverse; quien discrepa o simplemente expresa una opinión termina apartado, cesado o, en la práctica, purgado.”

Siendo tan listo no debería habérsele escapado, al redactor de este absurdo y falsario manifiesto, que hay una diferencia entre un hecho y la interpretación de ese hecho. Y que ponerle el adjetivo “incontestable” a lo que ni siquiera es un hecho, sino una teoría general, y falsa, sobre el clima (sic) en las relaciones entre la cúpula del partido y los discrepantes, no lo hace más verosímil.

Jamás, ni en DENAES ni en VOX, se me obligó a cambiar, o acallar, mi concepción de la política, del problema de España o de la educación; nadie me ha afeado el pertenecer a la escuela de filosofía de Oviedo. Jamás he omitido una crítica, ni he renunciado a un debate y jamás nadie me ha dicho cómo tengo que pensar o expresarme. La única imposición que recuerdo haber tenido me la puso Iván Espinosa, siendo portavoz en el Congreso, cuando prohibió beber cerveza en la cantina, sin consenso ni acuerdo, ni democracia interna, ni liberalismo en las formas. Pero tampoco he pedido ningún cargo, ni exigido nada a cambio de mi lealtad al partido. Ni he pensado que se minusvalore por no encabezar una lista, pertenecer al CEP o al CEN, o no ser elegido para subir al estrado o para hacer un canutazo.

La crítica, el debate, la opinión, tienen siempre un motivo, un objeto concreto y también un lugar propio donde desarrollarse: los distintos órganos del partido, que posee una estructura que permite tanto los vectores descendentes (órdenes, directrices, reglas, estatutos) como ascendentes (grupos de trabajo, comités provinciales, jornadas interparlamentarias, asambleas, congresos y otros medios no reglados). Ocurre que, cuando esa crítica u opinión, además de falsa o injuriosa, se expone, no en esos órganos orientados a tal fin, ni en los juzgados, sino en las RRSS o en los medios de comunicación de masas, siempre ávidos de información negativa de VOX y al servicio del bipartidismo; entonces, no es una discrepancia o una simple opinión, sino una absoluta falta de lealtad y de sindéresis.

Cuando un bipartidismo tambaleante juega todas sus cartas en sus medios subvencionados contra VOX, el único partido con la fuerza creciente para acabar con sus corruptelas y sus políticas suicidas, aprovechando cualquier fisura o filtración para atacarnos, sólo puede calificarse como desleal el servirse de esos medios.

Para luego alardear de criterio propio y lealtad a las ideas y reclamar la vuelta a los orígenes, cual luteranos cismáticos que pretenden un concilio (no un cónclave para elegir Papa, que aquí siempre se compitió por la medalla de plata por lo que se deja entrever) para purificar la doctrina, y al partido mismo, con la santificación de la democracia interna, del talante crítico y la lealtad a las ideas y no a las personas. Santos, beatos, obispos y cardenales del liberalismo conservador que no han sido capaces, ni siquiera con estas pseudo justificaciones ad hoc, de mostrar razón suficiente como para considerar que no merezcan lo que les ha pasado, nos quieren enseñar a los demás a tener criterio y mostrarnos el camino recto y, encima, sin cerveza en el aperitivo.

«Este manifiesto no nace para dividir, sino para abrir. No nace para destruir, sino para reconstruir. No nace contra nadie, sino a favor de las ideas y del futuro del proyecto«, dicen, para ir terminando. Después de sugerir que hay corruptelas en la dirección nacional, después de acusar de falta de talento (recuerden que vox no ha sabido retenerlo, ergo sólo quedamos los que no tenemos), después de criticar que se hayan «concentrado decisiones en muy pocas manos» (cuando Iván era portavoz y Javier secretario general, las decisiones se tomaban por sufragio universal o con el plebiscito cotidiano de todos los militantes, no te fastidia), después de achacarnos falta de criterio propio y adjudicarnos una actitud lacayuna, tienen el cuajo de decir que este manifiesto es constructivo y no va contra nadie. Pues menos mal, oiga.

Lamentablemente veo que he vuelto a fracasar en mi intento de seguir la máxima de Espinosa. Pero, aunque sólo sea por el hecho de que muchos de los abajo firmantes han compartido conmigo un trecho de mi biografía, han sufrido conmigo los insultos, los agravios del resto de grupos políticos en ese templo del eufemismo, tal y como lo definió certeramente nuestro presidente; aunque sólo sea por eso, estoy en la obligación de no tolerar este manifiesto (la tolerancia es desprecio, decía mi maestro, Gustavo Bueno) y no sólo no adherirme a esta estrambótica petición, sino, además, sugerirles que, o bien se busquen justificaciones más sólidas; o bien dejen de entorpecer no ya un proyecto, sino una realidad esperanzadora para millones de españoles. Una realidad sustanciada en una nave construida y liderada por Santiago Abascal con la ayuda de muchos, pero con él al timón.

Quizás, si nuestro presidente se hubiese criado en un barrio rico y tranquilo de Madrid o de Murcia en vez de hacerlo en un pueblo de Álava, en donde su vida y la de su familia corrían un peligro mortal, precio a pagar por defender la unidad de España en los años de plomo, no sería quien es hoy. Según cuenta Platón en La República, cuando un habitante de la pequeña isla de Serifos gritó en un desfile al general ateniense, vencedor en la batalla de Salamina: “No te vanaglories tanto porque de haber nacido en Serifos no serías Temístocles”, éste le respondió: “Es verdad que yo no sería Temistocles si hubiera nacido en Serifos, pero tú tampoco lo habrías sido aunque hubieras nacido en Atenas».

Termino con un latinajo, no para que se vea mi erudición y cultura, con vistas a que, cuando me jubile o me jubilen, pueda alegar que VOX se queda sin un «intelectual» (palabra que aborrezco), sino porque creo que es verdad su contenido. La cita la encontramos en Newton, aunque no es suya: nani gigantum humeris insidentes; es la cita original; cita que este nanus (enano) que escribe interpreta del mismo modo que el genial matemático y físico inglés: si he mirado más lejos es porque cabalgo a lomos de gigantes. En mi formación filosófica, de gigantes como Gustavo Bueno, Platón, Santo Tomás o Espinosa (pero no el de los Monteros, sino el pulidor de lentes emigrado a los países bajos), y en mi actividad como portavoz de Educación de VOX y diputado nacional, de un gigante político: Santiago Abascal, presidente de los Patriotas europeos; punta de lanza en España de la oposición a las élites globalistas y esperanza de millones de españoles para la regeneración moral, económica y política de nuestra Nación.

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Joaquín Robles es diputado nacional y portavoz de Educación de VOX

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