España ha firmado con Marruecos un acuerdo para financiar obras hidráulicas, al mismo tiempo que entraba en vigor el segundo escalón del caudal ecológico para el recorte del Trasvase Tajo-Segura.
Los agricultores del Levante español han afeado al Gobierno la paradoja de apoyar la creación de trasvases en Marruecos, para fortalecer la agricultura de nuestro competidor, mientras las transferencias de agua se cierran en España.
El acuerdo causa repugnancia porque tiene todo el aspecto de la alta traición, que es la colaboración con el enemigo en tiempos de guerra comercial, con grave riesgo de eliminar las fuerzas propias en beneficio del adversario.
Sorprende el derrotismo de España frente a todas las pretensiones de Marruecos, que descaradamente exporta su delincuencia y su producción agraria, mientras avanza en sus verdaderos objetivos: el Sahara Occidental, Ceuta, Melilla y Canarias.
Marruecos aspira a que todas sus capturas territoriales sean financiadas indirectamente por España y la UE, que aportan los recursos para adquirir un poder económico y tecnológico capaz de atemorizar a los dirigentes españoles que, además de corrompidos, están espiados en sus secretos más personales.
Las relaciones de España con Marruecos siempre han sido conflictivas. En su etapa más reciente tenemos el Acuerdo de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación en vigor desde 1993. De ese acuerdo se derivan el de «readmisión de extranjeros entrados ilegalmente» de 1992, y el de «devolución de menores» de 1997, que no se cumplen. Y si no se cumplen los acuerdos normativos peor fortuna tienen los «no normativos», como el de «protección, prevención y retorno de menores no acompañados» de 2003 y 2007, firmados con el mismo engaño.
Pues bien, con ocasión del susodicho «tratado de amistad y buena vecindad», vigente desde hace 33 años, y el Dialogo Político Reforzado, que firmó Pedro Sánchez en 2022, se mantienen Reuniones de Alto Nivel, de las que ya van 13. Y ha sido precisamente en la última donde se ha producido la más calamitosa batería de claudicaciones de España ante Marruecos. El documento suscrito recuerda más a un armisticio impuesto a un país derrotado que a una declaración amigable.
Las entregas de España a Marruecos son totalmente deleznables. En su redacción se nota la falta de patriotismo y la subordinación hacia las ambiciones económicas y estratégicas de una potencia rival. La declaración conjunta, de 4 de diciembre de 2025, contiene 119 puntos que describen los 14 nuevos acuerdos alcanzados, que sólo se explican en clave «sacaperras», es decir, de ayuda a cargo del presupuesto español.
La declaración conjunta dice que España y Marruecos tienen una «mirada compartida» ante el futuro, por lo que el acuerdo incluye la «enseñanza de la lengua árabe y la cultura marroquí», así como un amplio despliegue de colaboración agrícola y agroalimentaria, pesca, acuicultura, lucha contra los discursos de odio, diplomacia feminista e intercambio de jóvenes para las relaciones internacionales.
En otro apartado Marruecos se congratula por el papel decisivo de España para lograr el «refuerzo de las relaciones privilegiadas entre Marruecos y la UE». Y con respecto al Sahara Occidental, España acoge con beneplácito «la solución duradera y justa de una verdadera autonomía bajo soberanía marroquí» como la solución más factible.
En la parte económica ambas partes se alegran por las inversiones para la desaladora de Casablanca y por «utilizar los instrumentos financieros de España» para proyectos en Marruecos en materia de puertos, carreteras, energías renovables y obras hidráulicas: desaladoras, transferencias entre cuencas y aguas residuales.
Entre los puntos 54 y 82 de la declaración conjunta se va desplegando toda esta traición a la agricultura y al sector primario español. La colaboración española abarca la planificación hídrica, proyectos piloto de depuración, desalación integrada con energías limpias e intercambio de tecnología y conocimientos para la eficacia de las obras hidráulicas, e incluye misiones técnicas conjuntas para acelerar los proyectos.
Aunque el acuerdo afecta a muchas materias, se ensaña particularmente con el agua para uso agrícola, con un Memorándum de Entendimiento para crear redes de vigilancia hidrológica, seguridad de embalses y planes coordinados de gestión de gestión de riesgos hídricos.
Marruecos también ha logrado extraer un paquete de ayudas para investigar e innovar en el sector agropecuario y el uso del agua en agricultura para reforzar la seguridad alimentaria y dar valor a sus productos, con una «alta coordinación bilateral» en materia de sanidad animal y fitosanitaria.
Son muchas las entregas, rendiciones y claudicaciones de España a Marruecos, entre las que se encuentran la interconexión energética para el mercado de la electricidad. También se alude a la gestión insostenible de recursos hídricos que disminuye (en España) la resiliencia de las comunidades y los ecosistemas, por lo que se confía en la dirección de Alianza Internacional de Resiliencia, de la que Marruecos es parte, para echarle una mano a Pedro Sánchez para que cambie sus políticas insostenibles del agua.
Finalmente, el acuerdo menciona la pérdida de biodiversidad y la actual degradación del suelo, lo que se aspira a remediar en base al compromiso de «neutralidad en la degradación de tierras», consagrado en la Agenda 2030, que ambas partes se comprometen a obedecer.