«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu

TRIBUNA | FRANCISCO FLÓREZ VARGAS |

9 de julio de 2026

El bisnieto de Laureano

El candidato presidencial de la izquierda de Colombia, Iván Cepeda. Europa Press

Al vocero del Gobierno saliente de Petro en Colombia, Carlos Carrillo, se le hace agua la boca acusando de «nepotismo» y de ‘Bisnieto de Laureano’ a Nicolás Gómez, nuevo secretario privado del presidente electo. ¡Un bisnieto de Laureano! Lo que también aplica, dicho sea de paso, para el ministro designado Miguel Gómez o para el senador electo Enrique Gómez. El Gobierno saliente habla indistintamente de Laureanismo y de Alvarismo como si se tratara de feudos manzanillos vigentes que llevan años repartiéndose el poder; los de siempre.

Como si Álvaro Gómez fuera un ex parlamentario repleto de cargos y contratos en el SENA o el Bienestar Familiar y Laureano fuera un ex presidente de los años noventa con capacidad de vender avales en tal o cual partido político. Como si los contratos y los puestos repartidos desde ultratumba por Laureano y Álvaro Gómez hubiesen producido los resultados electorales del pasado 21 de junio.

Lo cierto es que el Laureanismo perdió el poder un 13 de junio de 1953 y el Alvarismo, que nunca tuvo el poder, si acaso vio su momento de mayor representación en el gobierno durante el mandato de López Michelsen, hace ya más de cincuenta años. Caricaturizar al «Bisnieto de Laureano» —así en mayúsculas— como una mezcla de Wadith Manzur con Simón Gaviria es un matoneo a Gómez por llevar ese apellido. Como si dijéramos que Iván Cepeda, por su apellido, cree en la combinación de las formas de lucha con el narcoterrorismo de las FARC para establecer una dictadura marxista.

Porque a diferencia del Pacto Histórico, que lleva una tradición ininterrumpida desde los años treinta sembrando violencia guerrillera en los campos combinándola con política electoral en las ciudades, el Movimiento de Salvación Nacional es un partido nuevo, que se inspira en doctrinas conservadoras contemporáneas, y que fuera de un legado programático alvarista no arrastra consigo el lastre burocrático y politiquero que si arrastran todos los partidos que fueron derrotados en los pasados comicios electorales. Los votos del Movimiento de Salvación Nacional no vienen de los cuatro alvaristas que quedamos y mucho menos de servidumbres electorales ligadas a gabelas de una casa política que dejó de existir hace más de medio siglo. Esos votos son la expresión masiva de un nuevo conservatismo que no se identifica con la derecha tradicional colombiana y que bien merece el título de «los nunca».

Carrillo fabrica el absurdo según el cual el fantasma de un expresidente derrocado, anterior al Frente Nacional, mantuvo durante setenta años una sobrenatural capacidad de poder para hoy colocar a sus descendientes en el gobierno. Quizás no vea lo cínico que resulta acusarlos de aquel disparate cuando él mismo defiende a Iván Cepeda, cuya realidad política sí es la consecuencia heredada e ininterrumpida de antepasados familiares comprometidos con la causa marxista, autoritaria y violenta que él representa.

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