Somos muchos los que sentimos rabia e impotencia cada vez que un supuesto activista decide reivindicarse vandalizando una obra de arte. Lo acabamos de ver por enésima vez ahora que unos zopencos han arrojado pintura sobre el cuadro del Museo Naval que representaba la llegada de Colón al Nuevo Mundo, y lo hemos visto, por desgracia, en demasiadas ocasiones ya.
La rabia es doble sabiendo, además, que este acto propio de bárbaros o fundamentalistas, se hace para reivindicar una supuesta causa justa. Considero que las causas que son justas y buenas por naturaleza son también universales y, por tanto, comprensibles por todas las personas, más allá de las diferentes culturas o formas de ver el mundo. Si el arte es la forma más evidente de mostrar el lado más bello de la humanidad, y si es un lenguaje universal, jamás entenderé que quienes dicen defender esas causas lo hagan a costa de dañar algo de valor equivalente a lo que reivindican.
Cuando se daña o destruye el patrimonio artístico, se priva a toda la humanidad presente y futura de seguir disfrutando de ello. Creo que hay pocas injusticias más grandes que privar a nuestros descendientes de la contemplación de las grandes obras de quienes les precedieron. El arte trasciende la política , a las sociedades e incluso al mismo tiempo. Pertenece a toda la raza humana y cuando se vandaliza, la afrenta se comete contra todos nosotros y quienes vendrán después. Los que cometen estos actos no sólo carecen de sentido alguno de trascendencia, sino que demuestran un grado de incultura y barbarie que debería ser inaudita a día de hoy.
Duele también ver cómo muchas veces se salen con la suya sin menor consecuencia. Vemos como se les invita tranquilamente a salir de las salas o se les despega con cuidado de dónde han puesto sus manazas. Seguro que no soy el único que piensa que merecen un castigo ejemplar.
Espero que lleguemos a entender que aquello que nos legaron grandes personajes de la historia y el arte es un regalo y un privilegio que debemos cuidar, pues no nos pertenece a nosotros sino a toda la humanidad pasada, presente y futura.