Vemos cómo en nuestra España se usan los símbolos nacionales para determinados eventos deportivos con gran alegría, pero luego en otras ocasiones son vistos con carácter negativo y tildados de «fachas». Esta locura ambivalente nos hace preguntarnos, ¿qué es el verdadero patriotismo?
La virtud frente a la ideología
Para responder con rigor a estas cuestiones, debemos detenernos en el significado de sus términos. El patriotismo es definido en la RAE por el amor a la patria, entendida esta como la tierra natal. Para el pensamiento tradicional el patriotismo no es un mero sentimiento de pertenencia, sino que es una virtud moral encuadrada dentro de la virtud de la piedad.
Santo Tomás de Aquino señalaba en su Suma Teológica que «después de Dios, el hombre es máximo deudor a sus padres y a la patria». Entendido así, este amor no es opcional y sentimental, sino que es un deber de gratitud vinculado al cuarto mandamiento del Decálogo de Moisés. Como dice el rico refranero español «es de bien nacido ser agradecido», así que el amor a la patria nace del agradecimiento de nacer en un lugar encuadrado en una cultura que se adquiere como propia. Es el concepto de ser herederos de un nombre, un apellido, unas características familiares y nacionales, que por medio del agradecimiento y el orgullo tejen su defensa.
Este deber moral nunca debe separarse de su dimensión trascendente, puesto que la comunidad política no es un ente autónomo, sino una realidad que debe respetar en último término a la ley natural. Todos nuestros actos libres deben estar supeditados al amor a Dios por encima de todo, y esto incluye los políticos.
El patriotismo español es el amor a España, y para ello hay que conocer su historia y su destino. Como dijo el gran Menéndez y Pelayo «España, evangelizadora de la mitad del orbe; España martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio…; ésa es nuestra grandeza y nuestra unidad; no tenemos otra». ¡Qué orgullo formar parte de la nación que evangelizó las américas, que fue creadora de cultura de cohesión por la fe!
Los errores que destruyen el patriotismo
Frente a la virtud del patriotismo encontramos actualmente tres desviaciones principales. El primero de estos errores sería el calificado como marxismo cultural, que tiene en el globalismo su mayor expresión. Es la amenaza de la disolución de las naciones por medio de la ingeniería social, con la que se trata de unificar a costa de perder las características concretas de cada pueblo en aras del «progreso». Se implantan modelos extranjeros para crear pueblos débiles serviles sin soberanía propia, y así ser expoliados fácilmente por intereses multinacionales.
Se acaba por sustituir la lealtad familiar y territorial por luchas de clases en todos los ámbitos. La mujer lucha contra el hombre, el trabajador con el empresario, los políticos contra los ciudadanos, y el presente con el pasado reescribiendo la historia. Haciendo una síntesis del pensamiento de Roger Scruton, el objetivo de las ideologías transnacionales de izquierda no es unir a las naciones, sino desmantelar los vínculos locales, la memoria histórica y la lealtad patria. Pues estos son los vínculos que permiten a los hombres la libertad de resistir a la ingeniería social.
Hay otra desviación que es el nacionalismo liberal, heredero de la ruptura de la modernidad al absolutizar el Estado o la voluntad popular como origen supremo del derecho y de la moral. Así, la nación se transforma en una ideología donde el colectivo sustituye a Dios y la soberanía no tiene nada que ver con la verdad, con la naturaleza o la ley eterna. Este nuevo concepto de nación es convertir la patria en un egoísmo cerrado y agresivo que desordena la caridad y justicia universal.
El último error sería el patrioterismo como caricatura del sentimiento patrio. Es el caso del ondear la bandera en eventos deportivos o mítines políticos sin ningún sentido ni convicción de defender aquello que dicen querer. Es transformar el deber sagrado hacia la nación a un mero espectáculo de símbolos vacíos, sin virtud real y respuestas de fondo.
Con este error se exalta la insignia mientras se tolera la degradación moral, familiar y social. Es lo que califica Samuel Johnson diciendo que «el patriotismo es el último refugio de un canalla», pues se defiende lo superficial sin atender a su esencia.
Una virtud para perfeccionar y recuperar
La belleza del patriotismo no puede ser una mera retórica vacía, sino que es una virtud para perfeccionar y recuperar en nuestra época. Tanto la leyenda negra como las influencias globalistas han hecho crear un complejo de inferioridad inducido a nuestra España. Actualmente el concepto de patriota está tan devaluado que los pocos que dicen públicamente amar la patria, lo viven de una forma superficial.
La virtud del patriotismo, como toda virtud, eleva al que la practica de sincero corazón. Es ser capaz de dar la vida por la defensa del ideal, pero ¿qué ideal queda si lo despojamos del sentido auténtico con el que España fue forjada como nación? La Hispania visigoda de Leovigildo, Recaredo y Recesvinto, de los Reyes Católicos, de los Austrias, de los grandes santos y evangelizadores. La España del siglo del oro, del arte y de la cultura, de la belleza en sus costumbres, de los toros, de las cofradías. La patria de la alegría, del saber vivir, del buen vino, de la riqueza de sus regiones.
El patriotismo es el amor de todo eso y mucho más, vivido bajo la luz de la fe y la grandeza de sus costumbres. Ello mueve a la defensa de la patria hasta la última gota de sangre, por amor al Dios que nos ha permitido la gracia de nacer españoles. Todo lo demás son falsificaciones caricaturescas que acaban en el fracaso. Seamos verdaderos patriotas.