TRIBUNA | ALBERTO TARRADAS
La teoría sueca de la integración y un aviso para Cataluña
La teoría sueca de la integración y un aviso para Cataluña
Musulmanes en Barcelona. Redes sociales
Por LGI
11 de febrero de 2025

El asesinato del tuitero cristiano (converso) Salwan Momika en Suecia es la enésima prueba del avance implacable del islamismo en Europa. Un nuevo recordatorio de que el islam, lejos de ser la «religión de paz» que algunos proclaman, se impone mediante la violencia y el terror.

Momika, conocido por quemar públicamente el Corán y denunciar la islamización de Occidente, ha sido ejecutado en plena calle. Un crimen que, más allá de la investigación en curso, no es un hecho aislado, sino la consecuencia directa de décadas de multiculturalismo, inmigración descontrolada y la impunidad con la que opera el islamismo radical en suelo europeo.

En el islam, la apostasía, o ridda, es considerada una de las ofensas más graves. Quien la comete, el murtadd, es condenado a muerte según la jurisprudencia tradicional. Esto no es una interpretación extremista, es la norma que rige en países islámicos y que, con cada vez mayor frecuencia, comienza a aplicarse en Europa.

La sura 3:90 del Corán cita textualmente en su versión traducida al español: «A quienes dejen de creer, después de haber creído, y luego se obstinen en su incredulidad, no se les aceptará el arrepentimiento. Ésos son los extraviados». Los hadices, base de la sharía, son aún más explícitos: Sahih al-Bujari (6922) «quien cambie su religión, matadlo».

Esto no es solo una cuestión teórica. En Arabia Saudí, Irán, Afganistán, Paquistán, Sudán y Mauritania, la apostasía se castiga con pena de muerte. En Egipto, Marruecos y Malasia, los apóstatas se enfrentan a penas de prisión o persecución social. El asesinato de Salwan Momika es la aplicación de la ley islámica en pleno corazón de Europa.

Suecia ha sido el laboratorio del globalismo, el experimento del multiculturalismo sin control. Sus fronteras abiertas han permitido la entrada masiva de inmigrantes musulmanes sin exigencias de integración, bajo políticas públicas que han sustituido la integración por la permisividad, la asimilación por la sumisión.

El resultado de sus políticas fallidas ha sido barrios enteros convertidos en enclaves islámicos donde la sharía reemplaza la ley sueca, donde la policía ya no tiene autoridad y rehúsa a entrar.

En lo que va de 2025, Suecia ha registrado más de 20 ataques con bomba, en tan solo un mes, y una ola de asesinatos vinculados a bandas criminales. Si aún quedara un resquicio de ingenuidad, cabría sorprenderse de que estos hechos no ocupen diariamente las portadas de toda Europa.

Ahora, con el asesinato de Momika, se confirma lo que muchos se niegan a ver: la persecución islámica contra los cristianos y demás incrédulos o infieles no es un fenómeno lejano de Nigeria o el mundo árabe, ha llegado a las calles de Europa.

Lo que está ocurriendo en Suecia no es una anomalía, es el desenlace lógico del multiculturalismo llevado al extremo. La pregunta es: si esto ocurre en Suecia que nos lleva décadas de ventaja en procesos de islamización, ¿qué ocurrirá en Cataluña si no detenemos esta deriva?

Tal y como VOX denunció en el pleno del Parlament en nombre del Grupo Parlamentario de VOX, Cataluña se ha convertido en el principal foco de islamización en España y en un centro neurálgico del yihadismo en Europa. Los datos son elocuentes: más de 300 mezquitas en Cataluña, un tercio de ellas salafistas; el 42,8% de las operaciones antiyihadistas en España tienen lugar aquí, ciudades como Salt, Palafrugell, Figueres, Terrassa y Lérida convertidas en enclaves islámicos y las subvenciones a la Unión de Comunidades Islámicas de Cataluña han aumentado un 270% en los últimos tres años.

Pero lo más grave no es sólo la expansión del islamismo, pues podría comprenderse como una pretensión natural de los movimientos ideológicos, sino la complicidad política que ha encontrado en Occidente en lo que algunos denominan «islamo-wokismo». El separatismo, los socialistas e incluso el Partido Popular han negociado con el islamismo. Han pactado legalizaciones masivas a inmigrantes ilegales y durante las campañas electorales se han dedicado a pasearse por las principales mezquitas intercambiando votos por impunidad.

El Gobierno de Salvador Illa no solo no frena la islamización, sino que la institucionaliza bajo el pretexto de una falsa tolerancia y convivencia. Hemos sabido que en Lérida, el comedor social municipal ha eliminado el cerdo de sus menús y solo sirve alimentación halal, imponiendo las normas islámicas a todos los usuarios, sin opción ni alternativa.

Lo que debería ser un servicio público, ahora se rige por preceptos religiosos islámicos, desplazando progresivamente nuestras costumbres. Pero esto no se limita a comedores sociales: ya se está imponiendo en algunas escuelas. Cada vez más colegios catalanes adaptan sus menús para eliminar alimentos prohibidos por el islam, sentando un precedente que abre las puertas a nuevas exigencias: horarios segregados, rezos en las aulas, festividades islámicas, niñas cubiertas de arriba abajo por un niqab…

El asesinato de Salwan Momika es la advertencia de lo que nos espera. Hoy ha sido Suecia, pero mañana puede ser Barcelona o cualquier otra ciudad de España. En Cataluña te multan por decir la verdad, como le ha ocurrido recientemente a Ignacio Garriga. Sin embargo, su persecución no va a hacer que nos amedrentemos. Seguiremos diciéndolo alto y claro: el islam es incompatible con Europa.

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