TRIBUNA | MARCELA REIGÍA
Lanzar bolas de papel
Lanzar bolas de papel
Pedro Sánchez y Zohran Mamdani. Europa Press
Por LGI
29 de septiembre de 2026

Hay imágenes que tienen la virtud de ahorrar explicaciones. Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España, trajeado en Nueva York, lanzando bolas de papel a una papelera junto al alcalde Zohran Mamdani. La escena termina con una reflexión de cierta profundidad doctrinal: «ser de izquierdas significa intentar tiros difíciles». Mamdani añade que también hay que encestarlos. No consta que la conversación abordara después cuestiones menos metafísicas, como gobernar.

La anécdota tendría exactamente la importancia que merece si fuera una anécdota. El problema es que empieza a resultar difícil considerarla como tal. La playlist, los vídeos, las ocurrencias, la estudiada espontaneidad de las redes sociales y ahora el baloncesto de papel dibujan una forma bastante peculiar de entender la Presidencia: gobernar parece convivir con la necesidad permanente de representar que se gobierna.

Y mientras se ensaya esa espontaneidad, Ceuta sigue ahí. No dentro del encuadre, claro. Ceuta queda bastante peor en Instagram. Una frontera sometida a una presión extraordinaria, unas Fuerzas y Cuerpos de Seguridad obligadas a responder sobre el terreno y una crisis que exige algo menos fotogénico que lanzar una bola de papel: ejercer las competencias del Estado, adoptar decisiones y responder por ellas.

Ahí está, quizá, lo verdaderamente revelador de la escena. No que Pedro Sánchez se divierta. Que parezca haber siempre tiempo para el personaje mientras los asuntos propios del presidente esperan fuera de plano.

La política necesita comunicación. Lo que no necesita es confundirse con ella. Porque la realidad, además, tiene la pésima costumbre de no terminar cuando acaba el vídeo. Ceuta sigue estando a dieciocho kilómetros de Marruecos cuando se apaga la cámara. El autónomo sigue pagando, la familia sigue buscando casa, el paciente sigue esperando y el contribuyente continúa sosteniendo un Estado del que cabe esperar algo más que una cuidada producción audiovisual.

Hay, además, algo involuntariamente acertado en la metáfora elegida por Sánchez. Gobernar consiste, efectivamente, en intentar tiros difíciles. Proteger las fronteras es difícil. Hacer funcionar los servicios públicos es difícil. Facilitar el acceso a la vivienda es difícil. Responder por los errores propios resulta, a juzgar por nuestra política reciente, extraordinariamente difícil. Para eso se concede a un Gobierno poder, presupuesto, Administración y cuatro años. Para acertar con una bola de papel en una papelera bastaba con una tarde libre.

Quizá por eso la imagen irrita más de lo que, considerada aisladamente, debería. Porque la frivolidad deja de ser anecdótica cuando comienza a parecer una manera de relacionarse con el poder. Cuando cada problema encuentra antes un relato que una solución; cada crisis, una consigna; cada viaje, una pieza de comunicación; y cada crítica, una explicación de por qué el problema verdadero es quien critica.

Por eso el vídeo de Nueva York es pequeño y, al mismo tiempo, bastante revelador. No porque lanzar una bola de papel constituya un problema de Estado, sino porque resume con una precisión casi cruel la distancia que puede abrirse entre el poder y aquello para lo que el poder existe.

Mientras España pregunta, el Gobierno comunica. Mientras los problemas esperan, se construye el relato. Y cuando la realidad se empeña en resultar incómoda, siempre queda una cámara, una frase ingeniosa y, esta vez, una papelera. No sé cuántos tiros encestaron. Lo que llevamos demasiado tiempo esperando es que alguno dé en los problemas de España.

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