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TRIBUNA | Juan Luis Steegmann |

28 de abril de 2023

Marihuana: la droga de la Agenda 2030

Marihuana. Unsplash

Basta recorrer los barrios más pobres de Europa para oler la esencia del futuro, el ambientador universal. Huele a marihuana, la droga más consumida en España.

Una hierba interesante que ha dado origen, a través del nombre de uno de sus derivados, el hashish, a una de las palabras más usadas en este cruel mundo: asesinos (hassisim).

Sin embargo, los adictos a la marihuana no son especialmente conflictivos. No matan por conseguirla. No son los que buscan celeridad en su vida como los adictos a la cocaína. El adicto a la marihuana busca un paraíso artificial, como todos los adictos, pero ese paraíso es uno que comienza plácidamente. El porreta no busca pelea, no se pone pesado, se ríe como un bobo, todo le da igual, está eufórico. Tiene buen rollo. 

Además, es una hierba, ¿no? Y le han dicho que lo natural no puede ser malo. 

El adicto a esta hierba es percibido como una persona tolerante, que siempre da la razón a sus amigos ya digan blanco, ya negro, y al mismo tiempo. Es simpático. Y parece que disfruta con lo poco que tiene.  Porque tiene poco, sin duda, porque ¿para qué? Ha visto un video y dice que dentro de poco no tendremos nada, y seremos felices. ¿Estudiar? Mejor mañana. La marihuana le ha quitado la ansiedad por las malas notas. Y tampoco tiene tanta importancia el último despido. Además, dice «en casa de mis viejos se está bien, sobre todo si no están». Y se ríe.

Pero los colegas empiezan a dar mal rollo, con sus historias políticas, con sus problemas de trabajo, o de pareja. Se dice ¿A mí que me importa? Les digo que sí a todo, y yo sigo a lo mío. Un buen canuto, y se disuelven los problemas en el humo. 

Sus padres son otra cosa; están más agobiantes. No estudias. No trabajas. Tu cuarto es una pocilga. Ni sientes ni padeces, dicen. ¿Qué piensas hacer de tu vida?

Ya estoy harto. No confían en mí. Los únicos que me entienden son los colegas de ese club de cannabis que han abierto en la esquina, donde había una mercería. Paso allí muchas horas. No necesito nada más.  Mis amigos de siempre se han emancipado. Incluso tienen un coche. ¿Yo? no lo necesito, la EMT me lleva gratis, y además están los patinetes…

***

Hoy, me he despertado con falta de aire. Eran casi las dos. Mi madre me ha mirado con esa cara que pone de perro apaleado. Paro había algo distinto y cuando lo he notado la radio que está sobre el microondas ha empezado a hablar, lo juro, y me ha dicho: Pablo, no consientas que te hable así, dale su merecido.

***

En el hospital una doctora simpática me ha dicho que he tenido un brote paranoico, y que es por los porros, que aumentan el peligro de esquizofrenia de dos a cuatro veces. 

Afortunadamente mi madre ya está bien, me dicen.

Este relato corto está dedicado a todos los grupos políticos que quieren legalizar la marihuana.

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