TRIBUNA | RICARDO CHAMORRO
Occidente cambia de doctrina migratoria
Occidente cambia de doctrina migratoria
Inmigrantes ilegales. Europa Press
Por LGI
18 de mayo de 2026

El comunicado emitido el 11 de mayo por el Departamento de Estado de Estados Unidos marca un punto de inflexión histórico en la política migratoria occidental. El Gobierno de EEUU ha rechazado oficialmente la revisión del Pacto Mundial para la Migración de la ONU y ha acusado directamente a agencias internacionales y ONG vinculadas a Naciones Unidas de haber facilitado corredores migratorios masivos hacia Europa y Estados Unidos.

El mensaje de Washington fue demoledor: la inmigración masiva no ha sido segura para las naciones occidentales y ha debilitado su cohesión, su seguridad y su estabilidad interna. Estados Unidos abandona así décadas de retórica globalista para asumir una doctrina basada en soberanía nacional, control fronterizo y remigración.

Y esto cambia completamente el debate político en Europa.

Durante años, cualquier crítica a la inmigración masiva fue perseguida mediáticamente y presentada como radical o extremista. Sin embargo, hoy son los propios informes de Frontex, de la OTAN, del Congreso de Estados Unidos y de los servicios de defensa europeos los que reconocen la existencia de una instrumentalización de la inmigración como herramienta de guerra híbrida contra Occidente.

Las potencias antioccidentales lo entendieron perfectamente. Su estrategia de «zona gris» busca erosionar a las naciones occidentales sin necesidad de una guerra convencional: presión migratoria, desinformación, polarización social y debilitamiento de fronteras. En el Sahel, se alimenta el caos, el terrorismo y los desplazamientos masivos que terminan impactando directamente sobre Canarias y el sur de Europa.

España es uno de los países más vulnerables a esta situación. Canarias, Ceuta y Melilla se han convertido en frontera avanzada de una Europa incapaz de defenderse y atrapada todavía en la ideología de las fronteras abiertas. A ello se suma la presión constante de Marruecos, que ya demostró en Ceuta en 2021 que considera la inmigración una herramienta de chantaje político y diplomático.

Mientras tanto, las élites europeas continúan hablando de «solidaridad», «regularizaciones» y «vías seguras», exactamente el marco ideológico que favorece a las mafias migratorias y a los actores que utilizan los flujos migratorios como arma estratégica.

La realidad es que la inmigración masiva descontrolada tiene consecuencias directas: presión sobre servicios públicos, inseguridad, fragmentación social, tensiones culturales y pérdida progresiva de cohesión nacional. Negarlo ya no es ingenuidad; es irresponsabilidad política.

Frente a ello, Estados Unidos ha decidido cambiar de rumbo. La nueva doctrina norteamericana apuesta por reforzar fronteras, acelerar deportaciones y revertir los efectos de décadas de inmigración ilegal masiva. En otras palabras: remigración.

En España, sólo VOX defiende con claridad una política alineada con esa nueva realidad internacional: expulsión de inmigrantes ilegales, fin del efecto llamada, defensa efectiva de las fronteras nacionales y prioridad para los españoles en vivienda, empleo y servicios públicos.

PP y PSOE permanecen atrapados en un consenso globalista que ha demostrado su fracaso en toda Europa. Hablan de control migratorio mientras aceptan las imposiciones de Bruselas y mantienen intactos los mecanismos que incentivan la inmigración ilegal.

La cuestión ya no es ideológica. Es una cuestión de supervivencia nacional. Ningún país puede mantenerse indefinidamente sin control de fronteras, sin cohesión cultural y sin capacidad soberana para decidir quién entra y quién permanece en su territorio.

Estados Unidos ha comprendido algo esencial: defender las fronteras no es extremismo, sino una obligación básica de cualquier nación que quiera seguir existiendo.

Europa deberá decidir ahora si continúa sometida al dogma globalista o si recupera el derecho a defenderse. España también tendrá que elegir.

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