«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu

TRIBUNA | FRANCISCO FLÓREZ VARGAS |

30 de diciembre de 2025

Paloma Valencia y el reto del uribismo para las presidenciales del 2026 en Colombia

Paloma Valencia y el expresidente Álvaro Uribe. Redes Sociales.

Para el 2026 la mitad de los colombianos desean que el gobierno de Petro no sea reelegido con su versión más radical, encarnada en Iván Cepeda. Y digo la mitad, pues Cepeda, un comunista bien formado que, a diferencia de Petro, no es caótico y mediocre sino todo lo contrario, tiene inmensa simpatía en las masas ideologizadas. Además – y sobre todo- cuenta con dos pilares de apoyo indiscutible: el narcotráfico en armas y el dinero a rodos del gobierno.

Por eso la mitad del país sabe que si gana Cepeda; Colombia delenda est. Los pedestales de Cepeda serán la continuidad resuelta de las más nefastas políticas de Petro: pauperización de la clase media, impuestos confiscatorios y un megaestado autoritario en cogobierno con el narcotráfico. Para los cárteles es evidente que la manera para mantener y acrecentar su existencia es con la complicidad que ya Petro les ha demostrado y que Cepeda promete garantizar.

De esa mitad que no votará por Cepeda, — sino contra– el uribismo resulta una importante facción que le apostó a la candidatura de Paloma Valencia. Paloma es una senadora opositora a Petro con un significativo reconocimiento popular, que ganó las internas para ser la candidata presidencial por el partido de Álvaro Uribe.

El reto de Valencia es gigantesco al considerar que, si su candidatura no logra consolidar el sentimiento de las derechas y los centristas por igual, existe una enorme probabilidad de que Cepeda gane las elecciones. Y el reto ya no sólo de Valencia, sino de toda la Colombia que está comprometida con un estado constitucional de derecho, enmarcado en una economía de libre mercado, es llegar unidos a las que serían las últimas elecciones libres en décadas si gana el petrismo.  

Lo bueno de Cepeda –todos tenemos nuestro lado amable– es que su desprecio por las democracias liberales es público y transparente, sus simpatías por las FARC también lo son, y a diferencia de Castro o Chávez –que antes de llegar al poder se mostraban como ovejas– Cepeda ha manifestado en todos los tonos que su gobierno supondría el fin del régimen político y económico vigente. 

Así que Paloma, además de representar las ideas del uribismo, tendría que ir más allá y ser un símbolo de unión nacional contra el autoritarismo radical de la narco-izquierda. Porque en las próximas elecciones presidenciales lo que se juega, en últimas, es el régimen político de 1991, el cual, con sus gigantescos defectos, no deja ser un paraíso comparado con el infierno de violencia que traerá el narcoterrorismo y el despotismo y pobreza que vendrán con el socialismo a la venezolana.   

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