
Hasta diez familiares de los jugadores de la selección argentina fueron detenidos en el estadio donde se disputó la final del Mundial, según informó el medio colombiano Noticias Caracol, que atribuye los arrestos a una serie de altercados registrados en la zona de la grada reservada para la expedición albiceleste. Por el momento, ni las autoridades estadounidenses ni la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) han confirmado oficialmente esa información.
De acuerdo con esa versión, los incidentes comenzaron una vez concluido el encuentro y obligaron a intervenir a las fuerzas de seguridad para sofocar una confrontación entre aficionados. El origen del enfrentamiento no ha sido aclarado y tampoco ha trascendido si hubo heridos. El mismo medio sostiene que varios futbolistas argentinos se dirigieron hacia el sector donde se encontraban sus familiares, aunque el área ya estaba bajo control policial, lo que habría retrasado incluso su presencia en la ceremonia de entrega de medallas.
Mientras esas informaciones circulaban desde Estados Unidos, en Argentina sí quedaron confirmados graves disturbios tras la derrota frente a España. Lo que había comenzado como una concentración de miles de aficionados en torno al Obelisco de Buenos Aires para recibir a la selección terminó degenerando en una noche de violencia, con enfrentamientos contra la Policía, destrozos y numerosas detenciones.
Según las autoridades, un grupo de personas rompió el cordón de seguridad instalado alrededor del monumento y comenzó a lanzar botellas y otros objetos contra los agentes desplegados en la zona. La respuesta policial incluyó cargas, el uso de gases lacrimógenos y un camión hidrante para dispersar a los participantes en los disturbios. El balance final fue de al menos 15 detenidos y siete policías heridos.
La imagen proyectada por el entorno de la selección argentina quedó seriamente dañada tras una final marcada por la tensión dentro y fuera del terreno de juego. A la dureza exhibida durante el encuentro se sumaron los altercados posteriores, tanto los denunciados en Nueva Jersey como los confirmados en Buenos Aires, dejando un desenlace muy alejado del espíritu deportivo que suele esperarse en una cita de esta magnitud. Aunque la inmensa mayoría de los aficionados argentinos vivió la derrota de forma pacífica, los incidentes protagonizados por una minoría acabaron acaparando buena parte de la atención tras el pitido final.