La condición de campeona refuerza la candidatura del Santiago Bernabéu
El Mundial conquistado por España complica el plan de Infantino para llevar la final de 2030 a Marruecos
El Mundial conquistado por España complica el plan de Infantino para llevar la final de 2030 a Marruecos
Infantino, Sánchez y Rubiales.
Por LGI
21 de julio de 2026

La conquista del Mundial por parte de España ha alterado la batalla por albergar la final de 2030. La FIFA todavía no ha decidido dónde se disputará el último partido del campeonato organizado por España, Portugal y Marruecos, pero el nuevo título de la selección española hace mucho más difícil justificar que el encuentro se celebre en Casablanca y no en el Santiago Bernabéu.

El escenario marroquí había ganado fuerza durante los últimos meses. El régimen alauí proyecta levantar en las afueras de Casablanca el estadio Hassan II, un recinto con capacidad para 115.000 espectadores concebido para convertirse en el principal argumento de Marruecos en su carrera por acoger la final.

El proyecto ofrece a la FIFA aquello que más valora en sus grandes acontecimientos: un aforo gigantesco, miles de entradas adicionales, nuevos espacios comerciales y la posibilidad de ampliar su presencia en el continente africano. El presidente del organismo, Gianni Infantino, ha alimentado además una política de expansión hacia nuevos mercados y equilibrios territoriales.

Sin embargo, el triunfo de España introduce un factor deportivo y simbólico que no estaba sobre la mesa cuando se diseñó la candidatura. El país llegará a 2030 como defensor del título, aportará la mayoría de las sedes y asumirá buena parte de la infraestructura y de la organización cotidiana del campeonato.

Entregar la final a Marruecos supondría, por tanto, apartar del partido más importante al país que lideró el proyecto inicial junto a Portugal. La candidatura nació como una propuesta ibérica, sostenida sobre distancias reducidas, estadios consolidados, conexiones de transporte y una extensa experiencia en la celebración de grandes acontecimientos deportivos.

La incorporación marroquí llegó después, impulsada políticamente por el Gobierno de Pedro Sánchez y respaldada por la entonces cúpula de la Real Federación Española de Fútbol, presidida por Luis Rubiales. Moncloa presentó la ampliación como un puente entre Europa y África, pero Marruecos no entró en la candidatura para desempeñar un papel secundario.

Rabat pretende convertir el Mundial en una demostración de poder internacional y ha situado la final en el centro de sus aspiraciones. La construcción del Hassan II responde a esa estrategia y permite al régimen presionar a la FIFA con un estadio cuyo aforo superaría con claridad al de sus competidores españoles.

El Bernabéu recupera ventaja

Frente al proyecto todavía pendiente de Casablanca, Madrid ofrece un recinto plenamente operativo y situado en el centro de una de las principales capitales europeas. La remodelación del Santiago Bernabéu ha incorporado una cubierta retráctil, un sistema subterráneo para conservar el césped y un videomarcador de 360 grados.

A ello se suman la capacidad hotelera de Madrid, su aeropuerto internacional y una red de transportes ya preparada para recibir a decenas de miles de aficionados. La capital española no necesitaría construir desde cero el entorno requerido para celebrar el encuentro que concentra una mayor atención mundial.

El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, defendió recientemente esa posición: «No se me ocurre otro escenario para la final del Mundial 2030 que no sea el Bernabéu. Sería incomprensible, más aún siendo ahora bicampeones del mundo y habiendo liderado la candidatura».

La victoria española fortalece este argumento, aunque no garantiza la decisión. La FIFA no elige sus sedes únicamente con criterios deportivos o técnicos. Las alianzas políticas, los intereses comerciales y la necesidad de repartir protagonismo entre las distintas confederaciones también pesan en el proceso.

Marruecos tratará de explotar su influencia en la Confederación Africana de Fútbol y presentará el estadio Hassan II como una oportunidad histórica para el continente. No obstante, las polémicas relacionadas con la organización de la última Copa África también debilitan la imagen de solvencia que el régimen pretende proyectar.

Infantino se enfrenta así a una decisión incómoda. La opción marroquí conserva atractivo económico y geopolítico, pero el título conquistado por España ha devuelto al Bernabéu una ventaja difícil de ignorar. Llevar la final al otro lado del Estrecho ya no supondría sólo premiar la apuesta de Marruecos, sino arrebatar el mayor partido del torneo a la selección campeona y al país que sostiene el grueso de la organización.

Noticias de España