La boxeadora argelina Imane Khelif, campeona olímpica en la categoría femenina de 66 kilos en los Juegos de París, ha reconocido por primera vez que se sometió a tratamientos hormonales para reducir su testosterona antes de la cita olímpica y ha confirmado que posee genes masculinos. La confesión, realizada en una entrevista concedida al diario deportivo francés L’Equipe, reaviva una polémica que marcó la competición y que sigue sin resolverse en el deporte femenino de élite.
Khelif explicó que, antes de competir en París, recibió tratamientos médicos con el objetivo de rebajar sus niveles hormonales, un extremo que hasta ahora no había detallado públicamente. La púgil aseguró que llegó a reducir su testosterona a cero de cara al torneo clasificatorio disputado en Dakar, siempre bajo supervisión médica, y defendió que ese proceso formó parte de los requisitos exigidos para poder competir.
Junto a ese reconocimiento, la campeona olímpica confirmó la presencia del gen SRY, ubicado en el cromosoma Y y directamente relacionado con la determinación biológica masculina. Lejos de negarlo, Khelif afirmó que se trata de una condición natural y subrayó que está controlada por especialistas, insistiendo en que no es una mujer trans y que nunca ha realizado cambios para alterar su sexo.
El oro logrado en París llegó en un contexto de máxima tensión mediática. La participación de Khelif en la categoría femenina generó un intenso debate internacional y atrajo críticas públicas de figuras como el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, o la escritora J.K. Rowling. Frente a esas reacciones, la boxeadora sostuvo que fue criada como niña, que así la reconoce su entorno desde la infancia y que su situación no puede equipararse a una transición de género.
De cara al futuro, Khelif asumió que deberá someterse a las pruebas de sexo obligatorias que impone la Federación Mundial de Boxeo, organismo avalado por el Comité Olímpico Internacional. Afirmó que está dispuesta a realizarlos de nuevo y que ya remitió su historial médico y sus análisis hormonales a World Boxing, sin haber recibido respuesta oficial hasta el momento.
Desde los Juegos de París, la boxeadora no ha vuelto a competir. Boxeo Mundial le impidió participar en un torneo celebrado en los Países Bajos al no haberse sometido a la prueba cromosómica recientemente introducida. Mientras espera una licencia de boxeo profesional en Francia, Khelif reiteró que no se niega a ninguna evaluación y que la decisión final debe recaer en médicos y especialistas.
El reconocimiento de los tratamientos hormonales se suma a los informes médicos que salieron a la luz en los últimos años. Un documento filtrado en su día apuntaba a que la boxeadora presenta un cariotipo XY, niveles elevados de testosterona y una deficiencia de 5-alfa reductasa, un trastorno del desarrollo sexual que afecta exclusivamente a individuos biológicamente masculinos.
Ese informe señalaba la ausencia de útero y la presencia de gónadas internas, así como genitales externos atípicos, y concluía que, pese a vivir socialmente como mujer, su base genética es masculina. Tras la filtración, Khelif anunció acciones legales por la difusión de un historial médico que consideró no verificado, aunque la controversia no se detuvo.
En 2023, un nuevo informe elaborado por especialistas de hospitales de París y Argel volvió a señalar la misma condición genética. Según ese documento, la deficiencia de 5-alfa reductasa puede provocar asignaciones erróneas de sexo al nacer debido a genitales ambiguos, algo que encaja con el historial clínico de la boxeadora.
La polémica se intensificó aún más en 2025 con la filtración de dos pruebas genéticas realizadas durante campeonatos mundiales de la Asociación Internacional de Boxeo. Según la información publicada por 3 Wire Sports, esos análisis mostraron marcadores XY con cariotipos masculinos, resultados obtenidos en un laboratorio acreditado y certificado a nivel internacional.
Ahora, tras admitir públicamente los tratamientos hormonales previos a los Juegos y confirmar la presencia del gen SRY, el caso de Imane Khelif vuelve a situarse en el centro del debate. Un debate que no sólo cuestiona los límites médicos y deportivos, sino que deja en evidencia la falta de respuestas claras por parte de las autoridades que regulan el boxeo femenino internacional.