
Marruecos ha puesto en marcha una ofensiva diplomática para arrebatar a España la organización de la final del Mundial de fútbol de 2030, que la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) daba prácticamente por segura para el estadio Santiago Bernabéu. La operación, impulsada por el rey Mohamed VI, busca garantizar una mayoría favorable a la candidatura de Casablanca antes de la decisión prevista para finales de este año.
Según informa The Objective, Rabat ha desplegado durante el actual Mundial una intensa campaña de influencia ante los miembros del Consejo de la FIFA. Al frente de las gestiones se encuentran el presidente de la Federación de Fútbol de Marruecos y ministro delegado encargado del Presupuesto, Fouzi Lekjaa, y el embajador marroquí en Estados Unidos, Youssef Amrani.
La ofensiva comienza a provocar inquietud en la Federación Española. Fuentes diplomáticas citadas por el mismo medio aseguran que Marruecos ha tomado la delantera en la carrera por albergar la final y que la capacidad de presión desplegada por Rabat supera con claridad los esfuerzos realizados por el Gobierno de Pedro Sánchez.
Uno de los principales activos de Marruecos es la proximidad de Lekjaa al presidente de la FIFA, Gianni Infantino. Ambos han coincidido durante las últimas semanas en varios partidos de la selección marroquí y la delegación española da prácticamente por perdido el apoyo del máximo responsable del organismo internacional, que cuenta además con voto de calidad.
Lekjaa lleva cerca de un mes moviéndose entre Estados Unidos y México para recabar apoyos entre buena parte de los 37 miembros del Consejo de la FIFA. El dirigente marroquí, que también forma parte de este órgano, está trasladando a sus interlocutores que la candidatura de Casablanca «no tiene límite de presupuesto».
El objetivo de Rabat es celebrar la final en el futuro Gran Estadio Hassan II, actualmente en construcción y proyectado para albergar a 115.000 espectadores. Marruecos pretende convertirlo en el estadio de fútbol con mayor capacidad del mundo y utiliza su tamaño como principal argumento económico frente al Santiago Bernabéu y el Camp Nou.
Según las estimaciones trasladadas por la diplomacia marroquí a los responsables de la FIFA, disputar la final en Casablanca podría generar entre 150 y 200 millones de euros adicionales respecto a Madrid o Barcelona. La diferencia procedería principalmente de la venta de entradas, gracias a los aproximadamente 27.000 espectadores más que podría albergar el estadio marroquí respecto al Bernabéu.
A la ofensiva de Lekjaa se suma el trabajo diplomático del embajador Youssef Amrani, que mantiene buenas relaciones con la Administración de Donald Trump y cuenta con una amplia red de contactos internacionales tras haber ejercido anteriormente como embajador en Sudáfrica, México y Colombia.
Los tres países tienen un peso relevante en la estructura de poder de la FIFA. Sudáfrica ocupa una de las ocho vicepresidencias del Consejo a través del presidente de la Confederación Africana de Fútbol (CAF), Patrice Motsepe, mientras México y Colombia cuentan con representantes entre los 37 miembros del organismo.
La batalla por la final se remonta a la incorporación de Marruecos a la candidatura conjunta para organizar el Mundial de 2030. España y Portugal trabajaban desde 2020 en un proyecto ibérico que contemplaba inicialmente el Santiago Bernabéu como sede de la final y el Camp Nou como alternativa.
Fue el Gobierno de Pedro Sánchez el que abrió en 2023 la puerta a la entrada de Marruecos en la candidatura. Poco después comenzaron las presiones de Rabat para que el Gran Estadio Hassan II también pudiera aspirar a organizar el partido decisivo del torneo.
Las primeras tensiones surgieron durante la elaboración del denominado Bid Book, el documento de 377 páginas que recoge los detalles de la candidatura conjunta. Pese a las reticencias españolas, Marruecos logró que su futuro estadio apareciera como posible escenario del partido inaugural o de la final, una condición reservada inicialmente al Bernabéu y al Camp Nou.
Tres años después, aquella cesión amenaza con volverse contra España. Mientras la RFEF intenta conservar el respaldo de las confederaciones con las que ha trabajado durante los últimos meses y confía en mantener unido el apoyo de la UEFA, Marruecos ha convertido la organización de la final en una prioridad de Estado.
La combinación de recursos económicos, contactos diplomáticos y capacidad de influencia de Rabat ha complicado una elección que España daba prácticamente por ganada. La decisión definitiva está prevista para finales de 2026 y, según las fuentes citadas, Marruecos parte ahora con ventaja en una batalla en la que el Gobierno de Sánchez está siendo superado por la ofensiva impulsada directamente por Mohamed VI.