
La economía española registró en el primer trimestre de 2026 un crecimiento del PIB del 0,6% intertrimestral, dos décimas inferior al del periodo precedente, en un contexto marcado por el deterioro del sector exterior y señales incipientes de desaceleración de la demanda interna. En términos interanuales, el avance se mantiene en torno al 2,7%, apoyado en efectos de base y revisiones estadísticas recientes, si bien diversos indicadores apuntan a una moderación del ritmo de actividad.
El comercio exterior presentó una contribución negativa más acusada que en trimestres anteriores. Las exportaciones retrocedieron medio punto en términos intertrimestrales, situando su crecimiento anual en nueve décimas, por debajo de las expectativas formuladas a finales de 2025.
Las importaciones, por su parte, disminuyeron 1,2 puntos en el trimestre, reflejando una menor tracción del gasto interno. La aportación del sector exterior al PIB restó hasta siete décimas, prácticamente el doble que en periodos previos, en un entorno de incertidumbre geopolítica asociada al conflicto en Irán y a disrupciones en rutas comerciales estratégicas.
En el ámbito doméstico, el consumo de los hogares redujo su ritmo de avance en tres décimas, manteniéndose como principal soporte de la actividad, aunque con signos de agotamiento. La inversión evidenció una desaceleración significativa, pasando del 1,6% al 0,1% intertrimestral. Por componentes, la inversión en bienes de equipo avanzó medio punto, mientras que la construcción creció una décima, con una contribución del valor añadido bruto próxima a cero.
Las autoridades económicas mantienen, por el momento, la previsión de crecimiento anual en el 2,2%, si bien reconocen riesgos a la baja vinculados a la prolongación de las tensiones en Oriente Medio y a posibles presiones inflacionistas.