«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
el nivel de vida relativo de los españoles ha empeorado desde 2017

España agranda la brecha con la Unión Europea en renta por habitante lastrada por el aumento de población

Metro de Madrid.

España pierde terreno respecto a la media de riqueza de la Unión Europea (UE). Los últimos datos de Eurostat confirman que la economía española no sólo no recorta distancias con el bloque comunitario, sino que las amplía tras ocho años de estancamiento en términos de renta per cápita.

Según la estadística de PIB por habitante en paridad de poder adquisitivo, España pasó de situarse en el 92,57% de la media europea en 2017 al 91,59% en 2025. La caída, cercana a un punto porcentual, refleja una tendencia contraria a la lógica habitual de convergencia dentro de la UE, donde los países menos desarrollados tienden a crecer más rápido que los más ricos.

España se sitúa así entre las cuatro economías de la Unión que no sólo están por debajo de la media, sino que además han ampliado su distancia en este periodo, junto a Francia, Italia y Estonia. Mientras tanto, la mayoría de países rezagados han logrado avanzar posiciones y acercarse al nivel medio europeo.

En términos absolutos, la distancia también se agrava. En 2017, la diferencia de renta anual por habitante entre España y la media comunitaria era de 2.200 euros. En 2025, esa brecha alcanza ya los 3.500 euros, tras incrementarse en 1.300 euros.

El crecimiento económico no se traduce en mayor bienestar relativo. Entre 2017 y 2025, el PIB per cápita europeo aumentó un 40,54%, frente al 39,05% registrado en España. Aunque en el último año el avance español (4,67%) superó ligeramente al europeo (4,26%), la mejora resulta insuficiente para revertir la pérdida acumulada en los ejercicios anteriores.

El dato más significativo se encuentra en la evolución de fondo. En 2022, la renta per cápita española cayó hasta el 88,09% de la media europea, un mínimo que evidencia el deterioro previo. La ligera recuperación posterior no ha permitido volver a los niveles de 2017.

Desde el ámbito económico, varias voces apuntan a factores estructurales. Un analista financiero resume la situación con dureza: «Es una vergüenza». Señala que el crecimiento del PIB no se traduce en mayor riqueza por habitante debido al fuerte aumento de población. Según datos del INE, España pasó de 49,12 millones de habitantes a comienzos de 2025 a 49,57 millones al cierre del año, mientras que el Fondo Monetario Internacional proyecta que se superarán los 50 millones en 2026.

Ese incremento demográfico, en gran parte impulsado por la llegada masiva de inmigración, diluye el crecimiento económico en términos per cápita. El mismo analista sostiene que el aumento del PIB «se reparte entre más población», lo que impide mejorar el nivel de vida relativo de los españoles.

En comparación con otros países, el contraste es evidente. Polonia, por ejemplo, ha registrado un crecimiento interanual del 7,67% en renta por habitante en 2025 y acumula un aumento del 62,8% desde 2017, muy por encima del ritmo español. Este avance le permite converger con la media europea, a diferencia de España.

El grupo de países que sí han reducido distancias incluye a Portugal, Grecia, Rumanía, Hungría o Croacia, entre otros. Incluso economías como la checa han superado ya a España en este indicador, consolidando un cambio de posiciones dentro de la Unión.

Los datos reflejan un problema de fondo: España crece, pero no lo suficiente —ni de la forma adecuada— para mejorar su posición relativa en Europa. El resultado es una pérdida progresiva de poder adquisitivo comparado y una convergencia que, lejos de producirse, se aleja cada vez más.

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