«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.

Tartufos de León XIV

9 de junio de 2026

Cómo estaremos para celebrar que el discurso del Papa en el Congreso contuviera una antropología cristiana y un fondo de derecho natural.

–¡Ha dicho «Escuela de Salamanca»!

León XIV es ya el Papa favorito de los tertulianos porque pidió «altura de miras». Lo hizo ante el parlamento incomprensivo de los herederos de ETA, la amnistía golpista, y el aborto desorejado que sí denunció.

También mencionó la «memoria histórica» a la hora en que metían la excavadora en el Valle. La Iglesia pactó con el ejecutivo exhumador los términos de la visita, de modo que la izquierda puede estirar un poco del Papa hacia sí como Papa anti-Trump, aunque el gran aprovechamiento político, la gran instrumentalización del Papa haya sido la de la derecha ayer democristiana, hoy no se sabe qué.

Porque el Papa, en sus posiciones más o menos sutiles, alarga el consenso socialdemócrata-democristiano de las últimas décadas. Ese consenso quedó en socioliberal y la parte liberal del binomio, la derecha muriente de la Europa en decadencia, se pone con la visita de León XIV los viejos ropajes democristianos. Se viste de domingo.

En el día a día sabemos que son los herederos de ese espacio abandonado porque custodian las palabras blandas de la moderación. Son los del «humanismo cristiano», etiqueta que olvidaron casi por completo y que reeditan últimamente para paganizar a la «extrema derecha».

Los comisarios verbilindos de la blandura (de iridiada faz) son precisamente los más entusiasmados por la venida papal, acontecimiento que explotan como si León XIV fuera suyo, y ellos conocieran la exacta música de sus palabras, intérpretes de una equivalencia tonal. Huelga decir que todo este tiempo no se les ha visto en Cristo, ni en muchas causas cristianas. Es más, tampoco darán batalla alguna en el futuro, pero pretenden que por auctoritas interpuesta los demás renuncien a las suyas.

No es de extrañar que entre ellos haya sido común la interpretación de la visita como inauguración de un tiempo «esperanzado» para España, una nueva comprensión y conciliación entre españoles. El Papa como heraldo de otro consenso, cometa anunciador (eclipse con la UCO) de un tiempo próspero sin populismos.

Los papistas llevan mal la puntualización al Papa, del que nadie discute su autoridad espiritual, sino dónde y cómo fija a veces su mirada. Así sucede con la inmigración, ayer «un drama humano de gente obligada a partir» o una realidad de mafias. Pero Santo Padre, ¿no es algo más? ¿No es una forma de organización mundial, un sistema de economía y una política?

El Papa, y no temamos mirarlo así, halaga también estos días la vanidad de quienes más se han beneficiado de la llegada de inmigrantes. Quienes los han tenido de camareros, limpiadoras, nannies o empleados baratísimos, ahora nos imponen su altura moral y ante la protesta sacan a un africano ritual al que hemos de salvar con nuestro superior sentido de la humanidad.

La visita del Papa, con sus palabras tranquilas y su semblante sereno, nos permite ver cómo aflora, como por reflejo, otro buenismo  que se añade al de los progresistas; el de los humanistas cristianos de fin de semana es un buenismo para ser tenido muy en cuenta, con una hipocresía y un tartufismo notables.

El Papa, en definitiva, es usado tristemente por los ayer democristianos (hoy no se sabe qué) para vaciar la política de sentido, como acostumbran. En todos los discursos, fíjense, el demonio es la polarización; se huye de la ideología y la confrontación rindiendo la palabra a la unidad… Es la habitual renuncia a la política, que unas veces, las más, se disfraza de moderación y otras de astracanada preconciliar.

Se apropian del Papa los que quieren oponer al rostro de somnoliento Winnie the Pooh de Xi Jinping el semblante caritativo de Prevost, esa beatitud no antagonista de párpados entornados… Imaginen un mundo así: Xi mirando a León, León mirando a Xi.

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