«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Director de Rius TV en YouTube. Trabajó antes en La Vanguardia y en El Mundo. Director de e-notícies durante 23 años.

La culpa es de Marruecos

8 de agosto de 2026

La responsabilidad de los 142 fallecidos en Ceuta es de Marruecos. De las autoridades marroquíes. Y de los padres que permiten que sus hijos campen a sus anchas. Por supuesto, es una tragedia. Pero no deja de sorprenderme que menores de edad puedan cruzar a otro país con lo puesto, los dejen luego tirados al sol y les den instrucciones precisas —a través del móvil, que de eso sí llevan— de buscarse la vida. ¿Nadie los echa en falta?

No deja también de llamarme la atención que estén construyendo el mayor estadio de fútbol del mundo cerca de Casablanca para la final de la Copa del Mundo de 2030 y, en cambio, dejen tan desprotegidos a sus adolescentes. La vieja fórmula romana de pan y circo. La obra, en efecto, tiene un presupuesto inicial de unos 500 millones de euros. Pero, como suele ocurrir en estos casos, ya se habla de casi 700.

Un país, por cierto, en el que el enviado especial de TVE, como explicaba LA GACETA, está «en guerra». «Muchos son licenciados, diplomados, huyen de su país por la guerra, el terrorismo», aseguraba sin inmutarse. Todo esto teniendo en cuenta, por otra parte, que el monarca alauita tiene cuatro palacios en Rabat, Fez, Marrakech y Casablanca. Además de residencias reales en Casablanca, Tánger, Agadir, Ifrane y Tetuán, entre otras. Si el nuestro tuviera la mitad de la mitad de lo que tiene su homólogo marroquí, hasta yo proclamaba la Tercera República. Sin olvidar otras dos más en Francia. El castillo de Betz, a unos 60 kilómetros de París. Y un palacete urbano en la propia capital francesa, cuyo precio de compra rondaba los 80 millones de euros. No en vano, la Corona es la primera empresa del país. El holding de la familia real posee participaciones en banca, seguros, minería, distribución, telecomunicaciones, energía, inmobiliario, turismo y agroindustria. Los sectores más rentables.

Aunque es difícil saber qué porcentaje de la economía marroquí controla el Majzén, como se denomina al entorno real. Es, en todo caso, la primera empresa. Se habla de hasta un 40% del PIB.

Todo eso no es inconveniente para que Marruecos abra, de vez en cuando, sus fronteras y amenace la integridad territorial de Ceuta o de Melilla. De hecho, las tiene siempre abiertas porque, excepto en llegadas masivas, es un goteo. Además, España no sólo paga por, en teoría, controlar los flujos migratorios, sino que recibe cuantiosas ayudas de la Unión Europea. La propia exministra Nadia Calviño, ahora presidenta del Banco Europeo de Inversiones, presumía recientemente en un vídeo de que les pagamos hasta tranvías. El BEI, en efecto, firmó en junio de 2026 un préstamo de 50 millones de euros, acompañado de una subvención de la UE de 15 millones, para la rehabilitación de la red ferroviaria marroquí (ONCF), junto con otro préstamo de 300 millones para autopistas.

Mientras que el Consejo de Ministros anunció, en 2019, otros 190 millones para financiar material rodante del tranvía de Casablanca. Condicionado, al menos, a que el contrato fuera adjudicado a una empresa española. En 2025, el Gobierno anunció 750 millones más para la adquisición de 40 trenes interurbanos fabricados en España. Eso sí, luego —como dijo Santiago Abascal en su reciente visita a Ceuta respecto a Adamuz—, «se gastaron en prostitución el dinero de las vías». Hay que cerrar el grifo y dejar de flagelarse… y sobre todo devolver a todos los menas. Hasta, si me apuran, los de la Península.

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