«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Sevilla, 1986. Periodista. Ahora en el Congreso.

Guayaberas contra chilabas

7 de agosto de 2026

Es muy probable que nuestras más altas instancias del Estado hubiesen seguido de vacaciones de haber vivido el alzamiento del 18 de julio.

-Llama al ministro de turno y que resuelva pronto esas algaradas, que mañana tenemos regata y por la noche festival de cine.

Es llevar el coñazo del desfile de Rajoy a sus últimas consecuencias, la dejación como política de Estado. Ceuta (¿dónde está eso?) no nos va a amargar las vacaciones ni en la Mareta ni en Palma, que Felipe VI lleva 12 años en el trono y jamás ha viajado allí ni a Melilla. Su Majestad salió embarrado del fango de Valencia (donde alertó contra los bulos) y posó junto a las vías de Adamuz. Lo de Ceuta, en cambio, apenas merece una discreta nota de prensa. A la Casa Real siempre le quedan días de verano.

Cuentan que un sobrevalorado monarca se reunió con Hassan II en el país vecino cuando Adolfo Suárez era presidente. Mientras el rey marroquí conducía la conversación hacia sus ansias expansionistas en las dos plazas españolas del norte de África, nuestro jefe del Estado, harto de que su hermano le interrumpiera cada vez que hablaba de yates y coches deportivos, elevó el tono.

-Que sí, Hassan, lo que quieras. Lo que tenéis que hacer es meter a vuestra gente allí, que las mujeres se pongan a parir y en unos años aquello es vuestro. ¿Podemos seguir hablando del barco?

Desde luego, hay que tener mucho cuidado con los barcos y aprender de los errores familiares, que a Alfonso XIII lo subieron a uno en Cartagena y ya nunca volvió.

Leemos en ABC un titular refrescante: «Felipe VI toma los mandos del Hispania». El día antes el cariz es aún más heroico: «Felipe VI vuelve a navegar tras diez días volcado en la crisis de Ceuta y los incendios». Al día siguiente su Majestad luce guayabera de azul marino riguroso en el posado estival de la Familia Real en Palma. La reina Sofía lleva un caftán, vestimenta tradicional marroquí. Son momentos críticos y ABC vuelve a estar a la altura de las circunstancias: «La preocupación por Ceuta protagoniza la recepción en Marivent».

No sabemos si los servicios secretos marroquíes leen nuestro diario monárquico de cabecera, pero es entendible su envalentonamiento —sólo frenado por Aznar en la isla de Perejil— desde 1975. A principios de noviembre de aquel año don Juan Carlos ––príncipe de Asturias, pero jefe del Estado— regala a Hassan II la retirada del Sáhara español. Desde entonces —y no digamos a partir de 1986 con la entrada en la UE— las cesiones explican nuestra relación con el vecino del sur. Cesiones en pesca y pagos millonarios para control migratorio (je je). Subvención del campo marroquí y entrada preferencial de sus productos que hacen la competencia desleal al agricultor español. Vista gorda con el narcotráfico de hachís del que se lucra el entorno más cercano de Mohamed VI.

Aunque extracomunitario, el trato a Marruecos excede la categoría de socio preferencial, tal vez el término adecuado es sumisión, algo que practican con entusiasmo en Bruselas, Madrid y hasta en la FIFA, dispuesta a robarnos el Mundial. Hablemos de agricultura, fronteras o fútbol el resultado es que Marruecos siempre gana.

Ahora nos invaden y la reacción del presidente español es agradecer la cooperación a las autoridades marroquíes. Don Felipe —según una agencia de noticias marroquí— felicita a Mohamed VI por el aniversario de su llegada al trono mientras la frontera ceutí es violada. A esa hora hay ministros compartiendo canapés en la embajada enemiga. La crisis, como en Valencia y Adamuz, se salda sin responsables en un Gobierno que moviliza de inmediato 25 de millones de euros para acoger a menores ilegales.

Claro que no es la primera vez que España pierde soberanía con la complicidad de sus élites. Aún no hemos llegado a los niveles de la abdicación de Bayona, pero todo se andará. Juan de Escóiquiz, preceptor de Fernando VII, acompaña al rey a uno de los más bochornosos episodios nacionales. Napoleón propone separar a la rama Borbón del trono de España y que ceda todos sus derechos a su Majestad Imperial. Escóiquiz escribe en sus memorias que trata de disuadirle aludiendo a la reacción del pueblo español:

“Le hice la más viva pintura de las dificultades increíbles que hallaría en la nación española para obligarla a ceder a su deseo; los ríos de sangre francesa y española que tendría que derramar, el odio eterno de los españoles, aun cuando fuesen subyugados; […] el rencor de la nación sería eterno y no aguardaría más que a la primera oportunidad para desahogarse”.

Hoy no podríamos amenazar con echarles encima la furia española que acaba emergiendo el 2 de mayo. La raza española languidece diluida en el magma multicultural europeo, en décadas de cesiones de soberanía y servidumbre a Rabat. Nadie encarna mejor esta transformación que el ejército, que apenas mantiene un tercio de los efectivos que tenía en 1982. Tras un cuarto de siglo sin servicio militar obligatorio sólo el 21% de los españoles está dispuesto a tomar las armas para defender a su país. En Marruecos son el 94%. Guayaberas contra chilabas.

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