
España se consolida como uno de los grandes destinos mundiales para la compra de viviendas de lujo por parte de grandes fortunas extranjeras, al mismo tiempo que millones de españoles quedan expulsados del mercado inmobiliario. El último Informe de mercado de Engel & Völkers Private Office 2026 sobre la migración de la riqueza sitúa a nuestro país como el cuarto con mayor aumento de demanda internacional de propiedades de alto nivel por parte de personas con patrimonio neto ultraalto, sólo por detrás de Italia, Francia y Emiratos Árabes Unidos.
El estudio, elaborado a partir de la experiencia de 160 asesores internacionales de Engel & Völkers y de las previsiones de Henley & Partners, confirma una tendencia que ya se percibe en las grandes ciudades y zonas costeras españolas: el mercado inmobiliario se orienta cada vez más hacia compradores extranjeros con un altísimo poder adquisitivo, mientras la oferta para las familias españolas se reduce y los precios continúan tensionados.
En el segmento del lujo, los precios se han mantenido estables o han subido a nivel global durante el último año. Los expertos de Private Office destacan incrementos en mercados como Andorra, Sudáfrica y Emiratos Árabes Unidos, junto a descensos moderados en países como Francia, Canadá o Alemania. España, por su parte, sigue atrayendo capital extranjero sin que exista un debate serio sobre el impacto que esta presión adicional tiene sobre el acceso a la vivienda.
Desde la propia compañía se reconoce que la compra de viviendas de lujo responde menos a una necesidad residencial y más a una estrategia de inversión y estilo de vida. El consejero delegado de Engel & Völkers, Jawed Barna, define estos inmuebles como “activos de estilo de vida” y “herramientas de resiliencia”, un lenguaje que contrasta con la realidad de miles de jóvenes y familias que no logran alquilar o comprar una vivienda digna en su propio país.
El informe señala que la principal motivación de los ultrarricos para adquirir vivienda en el extranjero es la “mejora del estilo de vida”, seguida de la reducción del tamaño de la propiedad y de factores como la seguridad, la estabilidad o la llamada “resiliencia climática”. Se trata de criterios completamente ajenos a la emergencia habitacional que sufre España, donde el problema no es elegir entre privacidad o naturaleza, sino poder pagar un techo.
Esta mentalidad, centrada en la experiencia y el privilegio, prioriza la vida al aire libre, la privacidad, la seguridad y el acceso al ocio exclusivo. Un 55% de los expertos consultados considera que la “vida al aire libre” es el elemento más demandado en estas propiedades, muy por delante de cualquier consideración social o de equilibrio del mercado.
El responsable global de Engel & Völkers Private Office, Stuart Siegel, asegura que “vivir bien” es el factor determinante en la compra de vivienda de lujo y anticipa que esta tendencia se mantendrá en los próximos años. Traducido a la realidad española, esto implica más presión sobre el suelo, más viviendas orientadas al comprador extranjero y menos soluciones para quienes viven y trabajan en España.
Mientras el Gobierno presume de cifras macroeconómicas y evita cualquier límite real a la compra de vivienda por parte de extranjeros, el mercado se aleja cada vez más de las necesidades de la población. España se convierte así en un paraíso residencial para grandes fortunas internacionales y en un país cada vez más hostil para sus propios ciudadanos, atrapados entre salarios bajos, alquileres disparados y una oferta inmobiliaria que ya no piensa en ellos.