
La «alimentación de conveniencia» continúa afianzándose en los hábitos de consumo de los españoles, ya que el 85% de los consumidores reconoce que incluye ya en su alimentación productos listos para comer, beber o cocinar. Esto se debe principalmente a la inflación desorbitada que afecta principalmente a los alimentos frescos, aunque también se relaciona con los nuevos hábitos de vida.
El estudio ‘Foodvenience: la nueva cuota de estómago’, elaborado por Aecoc, revela que soluciones como la comida preparada, el ‘food to go’, el reparto a domicilio o los modelos híbridos entre comercio y restauración forman ya parte de la vida cotidiana del consumidor.
En este contexto, el 85% de los consumidores compra habitualmente productos listos para comer, beber o cocinar, una cifra que se eleva al 93% en la Generación Z y hasta el 91% en los hogares con hijos, lo que confirma la amplia normalización de estas soluciones en la alimentación diaria.
El análisis identifica una nueva lógica de consumo, el ‘foodvenience’, articulado en torno a diversos atributos como la inmediatez, la practicidad y el valor percibido. Así, el consumidor busca propuestas que reduzcan fricciones, simplifiquen la preparación y ofrezcan una solución satisfactoria y clara —sin sorpresas—- en precio.
De esta forma, ganan relevancia los formatos fáciles de consumir, las comidas completas listas para tomar, las propuestas de cocina asistida y los menús flexibles o configurables. En paralelo, el 58% de los consumidores afirma que le gusta dar su toque final a lo que cocina, una preferencia que abre oportunidades para soluciones más personalizables, especialmente entre los perfiles más jóvenes.
La accesibilidad al producto, la simplificación del consumo, la digitalización y la percepción de ahorro ganan relevancia en la experiencia de compra.
En los últimos cinco años los alimentos frescos en España se han encarecido alrededor de un 44%, según la OCU, que compara precios de 244 productos en 690 establecimientos. La carne fue el grupo con mayor encarecimiento, un 46,8% en el mismo periodo. Si en 2021 un conjunto representativo de alimentos frescos costaba 100 euros, hoy cuesta aproximadamente 144 euros.