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Alcaraz no se rinde

EDITORIAL

Que «ETA ha sido derrotada» es apenas una verdad indemostrable que forma parte del discurso político del consenso. La verdad demostrable es que los grupos terroristas comunistas y sozialistas, aquí y en toda la Iberosfera (FARC, ELN, Sendero Luminoso…) siempre han contado con una organización legal que actúa en el campo político y que persigue los mismos objetivos abusando de las democracias liberales y de ciertos complejos de las naciones democráticas y de sus legislaciones y tribunales a la hora de defenderse de los enemigos que quieren acabar con ellas.

Por desgracia, y después de tanto dolor, hoy vemos situaciones aberrantes como que en Colombia haya un terrorista en la Vicepresidencia del Parlamento, que en Perú haya un Gobierno comunista cuajado de senderistas o que en España, batasunos proetarras sean pieza esencial para la investidura del presidente socialista de lo que queda de la nación. Esta es la verdad, insistimos, demostrable.

Los tres poderes del Estado, indefensos ante su propia y en muchas ocasiones buscada debilidad, tienen apenas una obligación: la de evitar la humillación a las víctimas que supone el homenaje a los asesinos. La mera presencia de filoterroristas en los pasillos de los parlamentos ya supone suficiente (e inaceptable) homenaje tácito pero permanente al mal, como para tener que soportar lo que este sábado, 18 de septiembre, ocurrirá en la tierra española de Vizcaya cuando se dé la bienvenida a un asesino como el etarra Henri Parot. Imputado por 82 asesinatos, condenado a 4.800 años por la muerte de 38 personas, incluidas cinco niñas (¿dónde estáis, feministas?) en el atentado a la casa cuartel de Zaragoza en 1987. Sin duda ni reserva alguna, Henri Parot es un implacable asesino en serie que en la inmensa mayoría de las naciones del mundo jamás habría vuelto a ver la luz del sol por respeto a las víctimas.

Su bienvenida en Mondragón reprogramada para la tarde de mañana, sábado, cuenta con la desidia del Gobierno, atado por sus vergonzosos pactos de investidura con los proetarras. También cuenta con la doble venda que los jueces de la Audiencia Nacional, tan garantistas para ciertas cosas que escapan del sentido común, han puesto a la Justicia en este y en muchos otros actos de bienvenida a un pistolero etarra. Mañana, en Mondragón, no sólo se humillará a las víctimas, condición ya suficiente como para impedir el akelarre, sino a todos los españoles de bien que jamás olvidarán la imagen del guardia civil ensangrentado que abrazaba el cuerpo inerte de una niña a la que Parot le robó todo lo que era y, lo que es más doloroso, todo lo que podía llegar a ser.

Esa doble condición, la de víctima y la de español de bien, es la que el diputado de VOX Francisco José Alcaraz, y con él su partido y todos los que quieran seguirle, paseará mañana a las 12 por las calles de Mondragón para demostrarnos, parafraseando a Galdós, que entre los muertos (algunos, por lo que se ve, en vida), siempre habrá una lengua viva para decir que España no se rinde. A pesar de los cobardes.

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