Casado, sin cumbre

EDITORIAL

Desde 2004, el Partido Popular ha dilapidado la gran labor internacional llevada a cabo por el expresidente Aznar. Es cierto que podríamos debatir la oportunidad de algunas de las decisiones tomadas por aquellos gobiernos del PP. Incluso haría falta un estudio en profundidad sobre el balance entre coste y beneficio de algunas de las más notorias alianzas que tejió Aznar mientras ponía los pies en la mesita de café del rancho de George W. Bush… Pero lo que no puede ponerse en duda es su histórica capacidad de influencia en la escena mundial.

Eran otros tiempos ya lejanos. Ahora, donde antes hubo un proyecto del PP, equivocado o no, sólo hay un páramo inmenso y yermo. La soledad. La nadería. La nada.

La indefinición de Mariano Rajoy, que expulsó a conservadores (muchos) y a liberales (pocos) de un partido que a trancas y barrancas apenas puede recoger las migajas socioliberales que arroja el cadáver de Ciudadanos, pasa factura no sólo en España, sino también, y mucho, fuera.

La herencia envenenada de Rajoy lastra al PP, pero Pablo Casado tampoco hace nada para corregir el rumbo. La triste realidad es que la voz del todavía líder el PP está ausente de los grandes debates. No está, por ejemplo, en la defensa de la frontera oriental de Europa. Con la que está cayendo (200.000 soldados rusos de maniobras con los bielorrusos) y no sabemos qué defiende Casado, si la soberanía polaca o el supranacionalismo de Bruselas. La verdad es que desde que el PP decidió enviar una delegación a la convención del Partido Demócrata estadounidense que lideraba Hillary Clinton, apenas sabemos qué piensan los populares de casi nada.

En contraste con la anemia de Casado, el líder de VOX, Santiago Abascal, ha desplegado una intensa actividad internacional en los últimos meses en América, en el Mediterráneo y en Europa oriental. En concreto, en la Frontera Este de la Unión Europea. Es decir, y para dejarlo claro: en nuestra frontera.

Abascal volvió el sábado a España desde Polonia con poderosos aliados. Pero lo que quizá es más importante: los países del Grupo de Visegrado saben que en España tienen una voz, la de Abascal y sólo la de él, que habla como ellos. Y que habla por ellos en España, en el Mediterráneo y también en América. Eso es influencia.

¿Qué tiene Casado además de una guerra interna indecorosa de egos en el Partido Popular y unas encuestas en caída frente a Sanchez…? Mejor reformulemos la pregunta: ¿qué influencia internacional tiene el PP? ¿Con qué voz le habla al mundo? Salvo algún tour para visitar a expresidentes iberoamericanos muertos o a presidentes en ejercicio cojos, el Partido Popular no lidera iniciativa alguna ni en asuntos de inmigración, ni de seguridad de las fronteras, ni de resistencia frente a las imposiciones socialdemócratas y globalistas del Gran Reinicio y del Cambio Climático, ni…, ni…

La prueba del algodón es la cumbre de ‘patriotas y conservadores’ que ha convocado Santiago Abascal para enero en España y a la que se sumaron el sábado los Gobiernos de Polonia y de Hungría. En plena ofensiva de las fuerzas prorrusas y proburócratas a un lado y otro de la frontera, es un éxito objetivo de VOX que gobiernos europeos amenazados acudan a la llamada del líder de la tercera fuerza política española.

No vemos la cumbre de Casado. No porque no la haya, que no la hay, sino porque ahora mismo no podemos ni adivinar quién acudiría a su llamada.

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