Ciegos ante la realidad

EDITORIAL
Un miembro de los talibanes en Kabul (Afganistán). Reuters

El control de Afganistán por parte de los talibanes es un fracaso estrepitoso de las élites globalistas, cuyos dirigentes ahora claman por la seguridad del pueblo afgano, mientras imponen políticas multiculturalistas y miran de perfil a los barrios europeos en los que no impera la ley nacional.

Nos referimos a barrios como el de Molenbeek (Bruselas), dominados por el islamismo y convertidos en nido de reclutamiento de organizaciones terroristas islamistas. Barrios que repiten estructura por el continente, en los que se han refugiado y han campado por sus calles algunos de los terroristas que atentaron en ciudades europeas en los últimos años. Barrios en los que ya no hay presencia del Estado por la desidia, la imprudencia y la dejación sistemática de funciones de distintos gobiernos.

Los mismos gobiernos [oligarcas] que promueven la inmigración masiva de países islámicos que desprecian a las mujeres, a los homosexuales y a los cristianos, y no respetan los derechos humanos, y condenan a los Gobiernos que [con un apoyo popular extraordinario] defienden la soberanía de sus naciones y reclaman unas fronteras seguras con el fin de proteger la identidad, la libertad y la prosperidad de sus compatriotas.

Sin duda, estos gobernantes europeos ahora harán llamamientos a la llegada masiva de refugiados afganos, que deberían ser acogidos por los países musulmanes limítrofes. Y lo harán pese al riesgo de que se cuelen, una vez liberadas las cárceles por los talibanes, peligrosos terroristas. Las consecuencias de estas irresponsables decisiones caerán, como siempre, sobre las vidas de los gobernados, especialmente de los más vulnerables.

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