«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
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31 de enero de 2023

Cobardía preventiva

El eurodiputado y ex ministro de Rajoy, José Manuel García Margallo, junto al presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo (foto PPdG)

Más allá de lo que molesten a sus votantes, las declaraciones en las últimas semanas de destacados políticos del PP en las que se muestran deseosos de un pacto de Gobierno con el PSOE no merecen reproche alguno. Ni siquiera su oferta de que gobierne la lista más votada. Bien al contrario, estas declaraciones son consecuentes con la trayectoria ideológica del Partido Popular que ha ido abandonando sin pausa alguna y por voluntad propia la defensa de los notables principios y valores del conservadurismo y del humanismo cristiano para, piensan en Génova, atraer los votos de los electores del llamado centro izquierda que hayan quedado abandonados tras la autodestrucción del proyecto socioliberal de Ciudadanos o el de los votantes menos radicalizados del PSOE.

Insistimos: el Partido Popular que no derogó, cuando pudo y tuvo el mandato de hacerlo, las leyes perniciosas de Zapatero, está en su derecho de desplazar el centro político de nuevo a la izquierda e incluso alabamos que haya formaciones políticas que presenten, por fin y con cierta transparencia, sus intenciones. Bastante nos han engañado.

Es cierto, y no obsta, que el PP incurre en una flagrante contradicción cuando asegura hoy que derogará una lista —menguante, eso sí— de leyes aprobadas por el PSOE mientras lanza el mensaje de que su deseo es el de concertar un Gobierno con los socialistas; pero cabalgar contradicciones no tiene por qué ser una exclusiva de Podemos.

Lo que es inaceptable es que para convencer a sus votantes (y a los votantes que arroje el socialismo detrás de sí), los populares pretendan movilizar el voto del miedo al asegurar que un Gobierno del PP en alianza con Vox sería incapaz de acometer las transformaciones que necesita España porque la izquierda incendiaría las calles.

Esa apelación al voto del miedo por parte del PP es sobrecogedora. Los genoveses no pretenden movilizar el voto por el miedo al contrario, sino a las consecuencias de una victoria electoral propia, pero muy insuficiente, que les obligue a negociar con una fuerza de oposición al socialismo como Vox. En una democracia, un partido político no puede tener miedo a ganar.

Entendemos que tener que desmontar las siniestras leyes ideológicas del socialismo en las que el PP, tras los primeros mohínes de incomodidad, siempre —siempre— acaba acomodándose, puede producir acochine y congoja desde una posición desprovista de principios. Pero pensar —y decirlo, que es peor—, que lo mejor sería concertar un Gobierno con el PSOE para evitar que la izquierda incendie las calles, es una posición de rendición preventiva intolerable en democracia que sólo merecería el envío de una pluma blanca por mensajero urgente.

Bien haría el Partido Popular, que tuvo en otros tiempos ya lejanos y olvidados una notable influencia en la Iberosfera, en mirar hacia las naciones hermanas americanas y ver (Argentina, Chile, Bolivia, Colombia, Perú…) a qué pozo de miseria conduce la cobardía sobrevenida ante la violencia izquierdista. No digamos ya la cobardía preventiva en nombre de la moderación.

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