Defensa de Israel

EDITORIAL
Manifestación pro-israelí en Viena (Georg Hochmuth APA/Dpa)

Resulta lamentable observar el grado de sectarismo ciego, profundamente antisemita y por ende, antidemocrático, de la inmensa mayoría de los medios de comunicación occidentales ante el reciente ataque sufrido por Israel en forma de centenares de cohetes y morteros disparados indiscriminadamente por la organización terrorista Hamas desde Gaza. Que esos medios, esa inmensa mayoría, condenen el efecto (la legítima defensa israelí) y no la causa (el terrorismo de Hamás consentido por el desgobierno del partido Fatah del presidente Abás) demuestra que la vulgaridad intelectual se ha apoderado de los editorialistas españoles.

Pero si lamentable es esa hostilidad periodística prejuiciosa contra Israel, la única democracia que merece llamarse por ese nombre en Oriente Medio, lo que es una calamidad es la defensa cerrada de organizaciones políticas criminales palestinas (entre las que también se ha instalado el yihadismo) a las que parece que asiste el derecho a sembrar el terror y a hacerse las víctimas al mismo tiempo.

La única víctima en Palestina, y es un mal que aflige al mundo islámico en su totalidad, es su desprecio sistemático por la verdad y la democracia. Y la verdad es que después de quince años sin elecciones legislativas en los territorios palestinos por múltiples y espurias razones, la decisión del presidente Abás de posponer otra vez los comicios (ante la más que presumible derrota de su partido Fatah frente a los candidatos de Hamas reunidos en torno a la formación ‘Jerusalén, nuestra promesa’ y la amenaza que supone el auge del partido Libertad de Nasser Al-Kidwa, sobrino del histórico terrorista Yaser Arafat), ha sido el detonante del ataque a Israel.

Que la contienda por el poder entre partidos y facciones palestinas dé como resultado una descarga de terrorismo sobre Israel con la excusa de Jerusalén, debería hacer reflexionar al presidente Joe Biden sobre la errática posición actual de su Administración que está destruyendo, a toda prisa, el legado que recibió del excelente trabajo diplomático llevado a cabo por Donald Trump en la región. De los medios de comunicación occidentales, ensoberbecidos en su retórica contra Israel, no esperamos gran cosa.

Lo único que se puede pedir al presidente Netanyahu, en una situación política delicada, pero al que asiste el legítimo derecho a defender a Israel de los ataques palestinos, es que ajuste su respuesta militar a la proporcionalidad para evitar el riesgo de una guerra, otra más, con el mundo árabe en la que tantos, empezando por los musulmanes y terminando por las Fuerzas Armadas españolas que vigilan la paz en el Líbano, tendrían mucho que perder. Lo que no se le debe pedir al Gobierno israelí, y mucho menos exigir, es que ceda al chantaje del terror y permita el control de Jerusalén Este a una autoridad palestina que jamás tendrá autoridad alguna si a las negociaciones sigue llegando cargada de cohetes y no de razones.

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