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EDITORIAL
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2 de abril de 2023

Domingo de Ramos y derecho católico

Hermandad sevillana de la Amargura (J. Corchero / Europa Press)

Cuando todo parece confuso es cuando más necesitamos una Semana Santa que devuelva al catolicismo la imagen católica tantas veces perdida el resto del año. La Semana Santa católica en España, la nación que mejor y con mayor audacia hizo de la cruz la esencia universal de la identidad de un imperio, que eso es la Hispanidad, es una semana de pasos lentos que desde la emoción y la reflexión son capaces de desafiar cualquier relativismo.

Siete días que pasan de una lejana, fiera y dulce hora de rapto, con clamores y palmas, como aquel burro del poema chestertoniano en el Domingo de Ramos, al dolor inimaginable de una madre que ve morir a su Hijo torturado y de ahí, a una vigilia silente que concluye cuando Cristo resucita, abre las puertas del Cielo y reafirma la fe que, de otro modo, no tendría sentido.

La Semana Santa que hoy comienza al grito de «Bendito el que viene en nombre del Señor» es un tiempo de vacación, pero debe tener también momentos de recogimiento frente a una imagen, de asombro ante una saeta o de dolor al velar de noche delante de un sagrario apagado. Ojalá una semana al año, al menos, lo esencial se haga visible ante nuestros ojos.

Hoy, Domingo de Ramos, lo esencial es que recordemos que Jesús, al hacer uso del antiguo Derecho de Reyes judío para entrar en una Jerusalén confusa vitoreado por la multitud que le seguía en procesión, reclamó su lugar que como Rey le pertenecía. La Iglesia, el pueblo de Dios, es la multitud que le acompaña y que, por lo tanto, también reclama su lugar en el mundo.

Todos los católicos tienen derecho a reclamarlo. Que no se les olvide cuando los relativistas, los tibios y los infieles, que son aquellos que inventan o aceptan derechos intrascendentes de continuo, les nieguen el suyo.

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