Gracia o Justicia

EDITORIAL

Un indulto jamás se concede, perdón, jamás se puede conceder de una forma gratuita, sino que es un pacto que hace la sociedad con un condenado suponiendo en él el propósito de enmienda y la observancia de la legalidad. En el caso de los sediciosos catalanes, no hay suposición que valga. Todas sus declaraciones públicas —que jamás en la vida se ha escuchado tanto a unos presos— han ido en la línea contraria, negando la petición de indulto, anunciando que lo volverán a hacer y exigiendo amnistía general. Es decir, reclamando Gracia (el olvido del delito) con desprecio de la Justicia (el perdón de la pena a cambio del arrepentimiento).

Los padres de la Constitución decidieron, y los españoles lo aprobaron, prohibir los indultos generales, que es parecidísimo a lo que avanzó ayer el presidente del Desgobierno en el caso de los secesionistas-malversadores catalanes que en octubre de 2017 violaron la soberanía nacional, proclamaron una República y fracturaron, quizá para varias generaciones, a la sociedad catalana, enfrentando a padres contra hijos y contra hermanos, desterrando el sentido común junto a miles de empresas y alimentando la rabia de una parte de la sociedad catalana criada en un sistema educativo nacionalista por el que todos los permisivos, ambiciosos y cobardes Gobiernos de España deberían pedir perdón.

Conocemos bien los siguientes pasos que dará Sánchez porque están en la hoja de ruta del nacionalismo que le sirve de muleta de su cojera. Todo es posible para el socialismo adicto al derecho positivo que considera que una mayoría, aunque sea frankenstein, puede imponer su voluntad, cualquier voluntad, en democracia.

Dice el presidente Sánchez —a quien Dios no hace falta que confunda, que ya lo hace fenomenal él solo—, que en nuestra Constitución no cabe ni la revancha ni la venganza. Por supuesto que no. Pero tampoco cabe la idiotez, y ahí está, preparada para indultar —incluso desoyendo al Supremo— a quienes se jactan de que volverán a violar la soberanía nacional, el imperio de la Ley, el Estado de Derecho y, lo que es más importante, la unidad de la Nación sin la que nada de todo lo demás tiene sentido.

Frente a esto, y frente a la poderosa maquinaria de propaganda y agitación del Gobierno, sólo cabe una palabra: oposición. Oposición política, judicial, social, intelectual e internacional. Siempre oposición. Hoy, más que nunca, a la espera de lo que está por venir y que a buen seguro nos helará la sangre, la oposición se antoja indispensable. Estaremos atentos a las declaraciones de todos los partidos y de todos los medios para ver quién acaba disculpando los indultos en nombre de la ‘concordia’.

Aquel que lo haga, ese será el traidor.

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