Sánchez es un peligro para la seguridad nacional de España. Sus decisiones marcadas por la impostura ideológica son producto de un ego enfermo, obsesionado ya por protegerse de las consecuencias de sus actos. Para ello genera sin cesar narrativas en la angustiada esperanza de que, al tiempo que justifican sus abusos y desmanes, logren movilizar a una izquierda en descomposición ya sin otro discurso que el odio al enemigo ideológico.
Los españoles tienen que saber a qué responden sus intereses y su alineamiento con Hamás, con los hutíes en Yemen y con Maduro en Venezuela. ¿A qué responde su interés de alinearse con los ayatolás de Jamenei, cuando aún está fresca la sangre de las muchas decenas de iraníes que asesinaron en una sola semana en enero?
Los españoles no pueden tolerar que la agenda personal de un individuo acosado por su horizonte penal nos fuerce a alinear a España con todas las dictaduras y regímenes criminales del planeta. Por una cuestión de dignidad de una de las naciones más antiguas del mundo, con un pueblo parte de la civilización occidental que defiende ideales como la libertad, la verdad y el carácter sagrado de la persona. Pero también por puro pragmatismo, por realismo, interés nacional, por afinidad e identidad y por la vocación atlántica.
Sánchez ya no compromete, sino amenaza los intereses de España. Países como Marruecos y tantos otros han expresado rápidamente su apoyo al «amigo americano». Sánchez, por el contrario, ha decidido subordinar nuestros intereses a su agenda oculta y desconocida, y está agrediendo a nuestro provincial aliado, los EEUU. Que con esta política Sánchez favorece masivamente los intereses de Marruecos es más que evidente. Como por cierto ha hecho con toda su política desde que llegó al poder.
Las decisiones de Sánchez afectan gravemente a la confianza, base de la cooperación también en campos tan sensibles y de tanta trascendencia para la seguridad nacional como el intercambio de información entre servicios de inteligencia de países aliados. Y dejan a España en una situación de inmensa vulnerabilidad. Mientras los amigos que Sánchez hace son sin excepción criminales, terroristas, dictadores y narcotraficantes, en gran parte islamistas radicales. Esa es la compañía a la que quieren condenarnos. Esto en una España que ha dejado sin fronteras y abierta de par en par a la inmigración ilegal sin control.
España entró en una deriva peligrosa allá en 2004 cuando las bombas llevaron al poder a un sujeto siniestro del que después supimos que ya había hecho trato con terroristas en los años previos al 11M. Hoy, España está grave en riesgo. No sólo por el empobrecimiento, por la violencia y la delincuencia que ha generado la política de estas dos décadas.
El mensaje que surge de Madrid es terrible para nuestra política exterior y, en consecuencia, interior. España no defiende sus intereses nacionales ni es parte de una alianza de valores compartidos en torno a Occidente. España desmantela una tras otra sus defensas por orden de este Gobierno que prima los intereses de cualquiera sobre los de los españoles.
Estamos en un momento de extrema emergencia y todos los españoles deben ser conscientes de los colosales peligros de estar inerme y aislado en el mundo actual. Más aún cuando ya es evidente que el delincuente Sánchez está buscando forjar alianzas con dictaduras, satrapías y gobiernos criminales para perpetuarse en el poder.
VOX y su Fundación Disenso van a seguir luchando incansablemente con nuestros aliados para difundir y proyectar a todo el mundo la verdad de que una cosa es España y otra un gobierno traidor, corrupto y criminal que muy pronto acabará en la cárcel y el vertedero de la historia.