Bruselas ha vuelto a echar un cable al tirano Nicolás Maduro haciendo un llamamiento al «diálogo» entre Caracas y Washington, reiterando que se «ciñe al Derecho Internacional» ante la posibilidad de una intervención militar estadounidense en territorio venezolano y aprobando 14 millones de euros para una supuesta ayuda humanitaria que nunca llega (ni llegará) al pueblo venezolano.
La Comisión de Von der Leyen actúa así como un salvavidas político y financiero del chavismo, otorgándole legitimidad internacional en un momento el que gracias a Donald Trump su aislamiento parecía total.
Según la Alta Representante de la Unión Europea para Política Exterior, Kaja Kallas, sólo una resolución del Consejo de Seguridad o un caso de autodefensa justificarían el uso de la fuerza en un país que viola permanentemente los derechos humanos. Pero el Consejo de Seguridad está paralizado por los vetos ruso y chino —aliados ambos del régimen venezolano—, lo que equivale a una invitación a la impunidad.
El presidente de Estados Unidos ha ordenado el despliegue de medios militares en el Caribe para combatir las redes del narcotráfico que financian a Maduro y ha sugerido que el dictador «tiene los días contados». En paralelo, Washington ha reforzado las sanciones financieras y de inteligencia sobre funcionarios chavistas, buscando asfixiar a los circuitos criminales que sostienen al poder en Caracas. Se trata de una estrategia integral: aislar al régimen e interrumpir sus fuentes de financiación de la tiranía.
Trump sabe que no se trata sólo de Venezuela: se trata de restaurar la soberanía hemisférica frente al eje bolivariano, el cual —amparado por La Habana, Teherán y Pekín— ha convertido la región en un corredor criminal. De esta manera, está devolviendo a la política exterior occidental al principio de la acción y la soberanía.
Bruselas, en cambio, prefiere la comodidad del discurso y la connivencia con el chavismo. Sus fondos «humanitarios» acaban administrados por agencias y ONG controladas por el propio Estado venezolano. No es ayuda: es oxígeno político.
El apoyo incondicional al régimen de Cuba y las conexiones fortalecidas por Josep Borrell con todas las tiranías narcocomunistas también ilustran esta cooperación injustificable y abyecta. A pesar de que la isla suma más de 60 años bajo un régimen torturador, criminal y asesino, la UE sigue financiando al castrismo y se niega a suspender el acuerdo de cooperación.
En definitiva, mientras Trump y su Administración luchan por la liberación de estos países de las garras sangrientas del socialismo, Bruselas sigue lanzándoles salvavidas, demostrando un nivel de complicidad más que sospechoso.