Las ventanas rotas de España

EDITORIAL
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez (EP)

En la inservible sesión de control al Gobierno, la portavoz del PP, Cuca Gamarra, acusó al presidente Sánchez, a propósito de la destitu… sustitución de la directora del CNI, de provocar el deterioro de las instituciones, como si las instituciones que forman la arquitectura de la nación hubieran estado niqueladas hasta la llegada de Sánchez. Y no lo estaban.

El deterioro —es decir, el paso de un estado a otro peor— de las instituciones comenzó hace mucho tiempo y todos los Gobiernos de la democracia han colaborado de manera activa o pasiva en la degradación no sólo de las altas instituciones del Estado, sino de todos los organismos públicos.

El deterioro de España y de su arquitectura de gobierno ha seguido los principios de la Teoría de las Ventanas Rotas que sostiene que los signos visibles del abandono en un vecindario, como un cristal roto en un edificio, fomentan la delincuencia y el desorden. Esto es, con exactitud, lo que ha ocurrido en España desde hace décadas. Para que un partido político llegue a intentar un golpe de Estado, primero ha habido que permitir a ese mismo partido que incumpla la ley a menor escala. Si no hubiera habido una ventana rota y no reparada como la que, por ejemplo, consintió que la bandera española fuera arrinconada en la mayor parte de los ayuntamientos catalanes y vascos en los primeros años de la democracia, los regidores independentistas que de inmediato no fueron multados e inhabilitados —ventana reparada— no se habrían atrevido a pasar al siguiente nivel. Item más: no se comenzó asaltando el Tribunal de Cuentas para que autorizara que todos los españoles pagáramos con dinero de nuestros impuestos las multas a las que fueron condenados los sediciosos malversadores catalanes, sino que se empezó consintiendo que el Gobierno catalán multara a los pequeños empresarios por rotular sus comercios en español.

Ventana rota a ventana rota y jamás reparadas, el edificio institucional español se parece hoy a una antigua fábrica abandonada en la que se permite que vivan okupas y ese tipo de chusma —proetarras en la Comisión de Secretos Oficiales—. Si bien es cierto que los destrozos y la acumulación de basuras se aceleraron desde la llegada por atentado interpuesto de Rodríguez Zapatero a La Moncloa, el deterioro institucional ya era más que evidente y el Partido Popular no puede acusar a Sánchez de deteriorar lo que ya estaba deteriorado por dolo del PSOE y culpa de todos los populares que antecedieron a Feijóo y ya veremos por dónde nos quiere conducir el galleguista.

El PP se equivoca al acusar al presidente Sánchez de deteriorar las instituciones. Sánchez no las socava. Sánchez destruye lo que queda de ellas, solo o en compañía de otros. Y las destruye en un elaborado plan de desconstrucción de España al servicio de su propio narcisismo, de agendas exteriores que no se deciden aquí, y con la excusa de unas instituciones europeas llenas de ventanas rotas desde dentro.

Si cualquier lector recuerda cómo llegaron a ser de fuertes los muros de la patria nuestra, hoy ya desmoronados y no sólo deteriorados, convendrá en que Sánchez jamás habría conseguido llegar a los pilares que soportan el Estado para dinamitarlos si otros, todos los Gobiernos anteriores, no hubieran robado las puertas o despedido al vigilante de noche.

Llegará el día, y ojalá que sea pronto, en el que habrá que reconstruir las instituciones hoy derruidas. Será una prueba hercúlea. Si el PP quiere participar en esa reconstrucción de la nación, y ojalá quiera, lo mejor será que empiece a reconocer la culpa. Al menos la culpa in vigilando, que por más que sea de Derecho Civil —y no Penal, que eso está reservado para Sánchez—, no deja de ser culpa.

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